Opinión

Populismo exitoso (Trump) y fracasado (López Obrador)

 
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Andrés Manuel López Obrador

Dos populistas ansiosos de poder, uno rozando la candidatura del Partido Republicano, el otro en eterna gira proselitista buscando dormir en Palacio Nacional. Ambos de antena política formidable y respuesta veloz (aunque muchas veces mentirosa) ante cualquier cuestionamiento.

Mesiánicos ambos, sus fieles parecen más miembros de una secta que de una corriente política. Uno multimillonario, el otro misteriosamente sin problemas de dinero, ambos en intensas campañas.

Uno y otro cultivan con singular alegría un discurso de odio. En su mundo del blanco y negro, nada como demonizar para presentarse como campeones de la pureza. Pero en ese discurso Donald Trump ha sido mucho más inteligente que Andrés Manuel López Obrador. Sus enemigos son externos y, además, muchos ni siquiera votan en las elecciones estadounidenses. Un ejemplo destacado de ese odio es México y los mexicanos. No, muchísimos “hispanos” no se identifican, para nada, como mexicanos. No lo son: tendrán apellido hispano, por padres o abuelos, pero son estadounidenses, y muchos reafirman su identidad votando por una persona como Trump. Los musulmanes, otro colectivo víctima del aborrecimiento trumpiano, son una minoría poco relevante en el proceso electoral.

Los maniqueísmos del tabasqueño, en cambio, son poco específicos. Una de sus frases trilladas, la “mafia del poder”, es tan vaga como poco efectiva. Las peleas de López Obrador no son con entes externos, sino incluso con antiguos aliados. Igual un Miguel Ángel Mancera que uno de sus hermanos, como muchos miembros de su expartido, el PRD, pasan a ser repudiados cuando (en sus palabras) han caído en la traición.

Porque la lealtad que exigen ambos es absoluta o no es. Entrar al círculo íntimo implica sumisión. Basta ver a un Martí Batres como alter ego de AMLO o, todavía más denigrante, a un Chris Christie hoy súbdito de Trump.

Mientras que los dos son marrulleros y peleoneros, López Obrador se obstina en hacer enemigos entre aquellos que un día podrían haber considerado darle apoyo y voto. Los insultos a Vicente Fox y, sobre todo, a los “pirrurris” que marchaban contra la inseguridad quizá le costaron la presidencia en 2006. El otro problema del perenne candidato presidencial es su hipocresía. Trump es un fanfarrón, pero presume la riqueza que tiene. López Obrador ha sido evidenciado una y otra vez como un farsante al predicar sobre la pobreza y “austeridad republicana”.

Trump navega sólo porque es para efectos prácticos su propio partido. A la desesperada, López Obrador ha buscado alianzas en sectores tan políticamente apestados como los sectores magisteriales más radicales, cosechando más enemigos entre los muchos que los repudian. Mientras que el neoyorquino busca impresionar como un doer (curiosamente un hacedor u obrador en inglés), el peje abre escuelas patito ansioso por mostrar sus credenciales populistas.

A medida que pasa el tiempo, Trump cosecha apoyos inesperados, mientras que López Obrador su hunde en su propio marasmo populista.

Hasta el momento uno va enfilado al inesperado estrellato republicano, el segundo a una tercera y última derrota.

Twitter: @econokafka

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