Opinión

Popularidad para gobernar

Para entender cómo se comportará el gobierno de Estados Unidos (EU) ante la crisis en Gaza, en Ucrania y la ola de menores indocumentados, es fundamental comprender las presiones políticas que mueven al presidente Barack Obama. Hace algunos años la revista U.S. News & World Report le preguntó al presidente Barack Obama en su edición especial sobre liderazgo (noviembre 2009) si la toma de decisiones bajo condiciones de crisis es diferente de la toma de decisiones en condiciones normales. La respuesta que dio nos da un indicio de que Obama es un mandatario que ha estudiado a fondo el tema de liderazgo: “Los pasos que para mí han sido útiles en el día a día, se vuelven mucho más importantes en una crisis: ser capaz de establecer un equipo funcional con las mejores personas; insistir en el rigor analítico en la evaluación de la naturaleza de los problemas; asegurarnos que las voces que disienten sean escuchadas y que las opciones se exploren adecuadamente; estar dispuesto a tomar decisiones después de analizar todas las opciones y el insistir en una excelente ejecución, así como en una retroalimentación oportuna de tal manera que si se tiene que corregir el rumbo, esté en capacidad de hacerlo; el tener la capacidad de mantener la calma y el rumbo cuando lo que está en juego es crucial”.

Palabras sabias, pero ¿por qué le ha ido tan mal al presidente Obama? Empecemos con su nivel de aprobación. Barack Obama ha sufrido un revés de los votantes, mientras las cosas en el resto del mundo están fuera de control. La última encuesta sobre aprobación del trabajo de Obama arrojó los siguientes resultados: 42 por ciento de los votantes registrados calificó como positivo el desempeño del presidente, mientras que 52 por ciento lo calificó como negativo. Y continúa su popularidad en picada en un año electoral en que la mayoría de las encuestas apuntan a que los demócratas perderán ambas cámaras. La embestida política será incesante y brutal los últimos dos años de este presidente demócrata. Obama tendrá que hacer la difícil decisión de comprometer varios de sus programas que deberían ser parte de su legado histórico para apoyar la candidatura de Hillary Clinton. Ella tendrá que distanciarse de él. La pregunta es cuándo.

Y aunque el presidente Obama exija más apoyo y recursos para poder enfrentar la crisis humanitaria de los niños migrantes, en su mayoría centroamericanos, la verdad es que no hay nada que pueda hacer ante la decisión que están tomando la mayoría de los gobernadores sureños, que es militarizar la frontera con México. Esta decisión favorece particularmente al gobernador de Texas, Rick Perry, quien busca reemplazar a Barack Obama en la Casa Blanca.

¿Cómo va el “archienemigo” de Obama? El nivel de aprobación del presidente de Rusia, Vladimir Putin, supera por casi el doble al de Obama. El nivel de popularidad de Putin en Rusia se encuentra en su nivel más alto en años, con 83 por ciento de los rusos diciendo que aprueban el trabajo que está desempeñando. Lo adoran. Hay pocos líderes en el mundo que tengan este nivel de aprobación.

No es la política doméstica sino la necesidad de asegurar petróleo y gas lo que mueve a los europeos a tomar una posición tímida ante el popular Putin. Y EU, ante la tibieza de los europeos, ¿con qué autoridad podía continuar agrediendo abiertamente a Vladimir si los países de donde proceden la mayoría de las víctimas no lo están haciendo? Las declaraciones de la Casa Blanca ya le dieron una salida a Vladimir, asegurando que no fueron los rusos los que derribaron el avión Malasia MH17, sino los rebeldes. Esta es probablemente la explicación más lógica, pero podría liberar de responsabilidad a los rusos del hecho que probablemente entrenaron a los separatistas que dispararon el misil.

Pero la historia se repite en ocasiones, donde militares rusos y estadounidenses han disparado con misiles a aviones civiles, ninguno de los dos países estaba dispuesto a un enfrentamiento militar como consecuencia de la muerte de cientos de civiles inocentes. La diferencia fue que en 1983, cuando mataron a 269 pasajeros (incluyendo un congresista estadounidense) en un avión que volaba sobre Sudcorea, y luego lo que sucedió en 1988, cuando EU le disparó a un avión comercial iraní, el presidente era Ronald Reagan, con altísimos índices de popularidad.

La popularidad sí cuenta ante los conflictos geopolíticos y la capacidad de un gobernante de reaccionar y decidir.