Opinión

Polvo de estrella

 
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Polvo de estrella.

Los judíos dejan piedras sobre las tumbas para que los muertos sepan que no serán olvidados. En el décimo día de su peregrinaje a la Meca, los musulmanes tiran piedras a tres paredes distintas, en un ritual conocido como “La lapidación del diablo”. Desde hace cinco mil años, el hombre construía círculos de piedras para honrar a sus antepasados.
Aunque hace mucho tiempo que el homo sapiens dejó de vivir en cuevas, las piedras siguen ejerciendo una gran atracción en nuestro imaginario. Con las puntas de lanzas, las joyas, las rocas con las que levantamos murallas, las lápidas o la contemplación del Tepozteco, las piedras no solo nos recuerdan nuestra impermanencia sobre la tierra, pero también nos enseñan que compartimos esa substancia que llamamos la vida con todo el universo.

Desde las pinturas rupestres hasta la Piedad de Miguel Ángel, ha habido una gigantesca expansión temática y material en el arte pero las piedras siguen siendo un elemento central en la obra de artistas contemporáneos como Robert Smithson, Jimmie Durham, José Antonio Bravo, Ugo Rondinone, Pedros Reyes, Henry Moore, entre muchos otros, pero son probablemente las piedras de Vija Celmins, las que más me emocionan.

Vija Celmins (Riga, 1938) es una artista letona cuya familia se mudó a los Estados Unidos cuando ella tenía diez años. En ese momento no sabía hablar inglés, lo que la impulsó a expresarse a través del dibujo, y más tarde estudió arte, primero en Indianápolis y después en la University of California at Los Angeles.

A partir de las años 70, Celmins empezó a producir sus famosas piezas hechas a lápiz, creando dibujos hiperrealistas que podían pasar por fotografías de elementos naturales, como el mar, la superficie de la luna, una tela de araña, un cielo estrellado, o piedras. El trabajo de esta artista, fluctúa entre lo artesanal y lo conceptual, entre una sensibilidad científica y poética, entre perspectivas macros y microscópicas que al final se sobreponen.

To Fix the Image in Memory” (Fijar la imagen en la memoria) es una serie de esculturas donde Celmins replicó a partir de moldes, piedras que había encontrado previamente en el desierto de Nuevo México. “Caminaba y recuerdo que recogí las piedras que parecían tener una galaxia en ellas. Luego las alinee, formé juegos, una especie de constelación, y quise ponerlas en un contexto artístico, un poco para burlarme, pero sobre todo para recordar que mirar y hacer, son los actos primarios del arte”, decía.
La réplica es crucial en el arte, y al poner las piezas originales junto a sus copias exactas, Celmins busca no solo provocar un reto visual para que el espectador adivine cual de las dos piedras es la original, sino que con la yuxtaposición, crea una tensión que independiza el modelo de su representación.

En el desdoblamiento de imágenes que nos ofrece Celmins, la naturaleza de las cosas aparece como algo inestable, como algo que uno recuerda. Las imágenes moldean nuestra memoria, y en cada copia aparentemente idéntica que hace la artista, se erosiona el espacio hermético que a veces llamamos nuestra realidad. Así como el acto fotográfico solo delata su contenido simbólico o ilusorio, Celmins imita piedras, acota galaxias y una tela de araña, copia el cosmos y el mar, nos dice que con el arte viajamos una gran distancia, escribe que somos polvo de estrella, sobre el epitafio de nuestra eternidad.

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