Opinión

Políticos y caseros,
puritita mala suerte

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Marcelo Ebrard Casaubón

Marcelo Ebrard vive en una casa cuyo predio se regularizó y cuyo permiso de uso de suelo fue modificado mientras él era jefe de Gobierno. Por si hace falta decirlo, regularizar/modificar un inmueble es un dolorón de cabeza que seguro se hace más leve si la máxima autoridad de la ciudad está interesada en que los trámites caminen.

David Razú vive (o hasta el martes vivía) en un departamento rentado en un edificio construido mientras él era el número dos de la delegación Miguel Hidalgo, en donde se encuentra el inmueble. Sucede que el edificio viola la ley, que tiene más pisos de los que debiera, que hubo cosas raras (por decirlo suave) durante la regularización de ese predio. Y que trámites y construcción de esa obra ilegal ocurrieron mientras Razú era altísimo funcionario de la MH.

Seguro estos casos son meras casualidades, eventos surgidos por purititita mala suerte. Muy, pero muy mala suerte.

Porque miren que de todos los departamentos que Razú podría haber rentado (27 aparecían ayer anunciados en Metros Cúbicos en la Escandón, la colonia del departamento de marras; o mil 580 si Razú hubiera ampliado su búsqueda a toda la Miguel Hidalgo) tiene su chiste que la suerte le haya llevado a elegir justo uno en un edificio habilitado irregularmente por el gobierno delegacional del que fue coprotagonista. (ver cobertura del diario Reforma).

Con Marcelo, esto de la mala suerte con sus caseros se enreda aún más (ver notas de Milenio de lunes y martes). Porque no sólo el predio por el que hoy paga 80 mil pesos al mes fue regularizado en sus tiempos como mejor alcalde del mundo, sino que, maldita mala suerte, los constructores de la casa donde vive han tenido relaciones comerciales con un hermano del exjefe de Gobierno e incluso con el Partido Centro Democrático, ese fundado por Marcelo. Damn it! Bien decían que este mundo es un pañuelo. (ver columna de Alberto Aguirre del martes en El Economista).

Por cierto, en esa columna de Alberto Aguire se cita otro dato que constituiría sobre el mal fario que persigue a nuestros políticos con sus arrendadores. Sucede que ese columnista recuerda que el penthouse que Ebrard rentó en el Parque México de 2006 a 2011 pertenecía a Salvador Izquierdo Carballeda, de profesión arquitecto. Sucede que un arquitecto de ese mismo nombre aparece en el portal de transparencia del Distrito Federal, con un millonario contrato fechado en diciembre de 2008 para vender gasolina al gobierno del Distrito Federal presidido por Ebrard.

¿El arrendador ganó un contrato del GDF presidido por el arrendatario? No. Sería demasiada mala suerte. Incluso para nuestros ya comunes asuntos de caseros de politicos.

Esta cauda de casos tienen en la “casa blanca” de las Lomas, de la familia del presidente Enrique Peña Nieto, a su mayor exponente. De tantas constructoras inmobiliarias que hay en México, la esposa del mexiquense fue a hacer tratos con una compañía favorecida con contratos por gobiernos presididos por su esposo. Qué mala pata, de veras.

Y sobre casas que involucren a panistas basta con recordar que la residencia que arrendó en 2011 en Bosques de las Lomas Miguel Ángel Osorio Chong, perteneció a la jefa de la Oficina Presidencial en tiempos de Felipe Calderón: Patricia Flores Elizondo. Seguro es meritita y canija coincidencia.

Ojalá el próximo ejercicio de 3de3 que se haga incluya exigir comprobantes de varios domicilios, recibos de pago incluidos. Porque, ¡ah cuánta mala suerte tienen nuestros políticos a la hora de elegir casa! Puro caso que se presta al sospechosismo. ¡Pobrecitos, caray!

Twitter: @SalCamarena

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