Opinión

Políticas públicas y familias en México

 
1
 

 

Pareja. (Braulio Tenorio)

Por Carla Pederzini Villarreal.

En las últimas décadas la dinámica poblacional en México ha experimentado importantes cambios que han impactado la manera en que se desarrollan las familias, el tipo de familias que se forman y el tamaño de las mismas. De 1970 a 2010 la tasa global de fecundidad pasó de 6.5 a 2.3 hijos por mujer. Esta espectacular caída ha permitido una reducción sustancial del crecimiento de la población, generando muchas ventajas potenciales en la planeación del crecimiento, la ampliación de la cobertura educativa, la elevación de la calidad de las escuelas, mejores servicios de salud para las madres en el parto, los recién nacidos y los niños en general.

Al caer la fecundidad, las mujeres mexicanas continuaron teniendo a sus hijos a edades tempranas pero comenzaron a limitar su reproducción una vez alcanzado el número de hijos deseado. Así, la tasa de fecundidad más alta en nuestro país se da en las mujeres que se ubican en el grupo de edad de 20 a 24 años.

La escolaridad es uno de los factores que ha contribuido en mayor medida a este descenso. Mientras que las mujeres con primaria incompleta tienen en promedio 3.5 hijos, las mujeres con educación profesional solamente tienen 1.6. El hecho de que en México el acceso al sistema educativo se haya incrementado de manera importante ha contribuido significativamente a la reducción de la fecundidad.

La reducción de la fecundidad abre una serie de oportunidades para los niños y jóvenes, posibilitando una mayor atención por parte de sus padres y mayor acceso a los recursos del hogar. Por otro lado, las cohortes más pequeñas pueden generar la posibilidad de elevar la calidad educativa.

No obstante, entre 2010 y 2013, la tasa de fecundidad de las mujeres de 15 a 19 años aumentó de 637.4 hijos a 681.8 por cada diez mil mujeres de dicho grupo de edad. De hecho, una sexta parte de los nacimientos (2,195,073 en 2013) corresponde a mujeres menores de 20 años. Es un fenómeno muy preocupante puesto que la reproducción a edades tempranas irrumpe en la trayectoria de vida alterando su curso y condicionando las etapas posteriores. El hecho de que la maternidad siga siendo un evento común entre las jóvenes mexicanas se relaciona, entre otros factores con la alta valoración de la maternidad en nuestra sociedad.

A partir de la última decada del siglo XX se da un incremento de la unión libre en México. Además, las separaciones y divorcios pasaron de ser fenómenos marginales a convertirse en uno de los mayores cambios que afecta a las familias en la actualidad, incrementando el porcentaje de hogares monoparentales y recompuestos. Por otro lado, la flexiblización de las normas sociales ha permitido el aumento de parejas que deciden prescindir de la reproducción biológica.

El alargamiento de la esperanza de vida ha provocado un aumento en el porcentaje de hogares en donde el jefe es un adulto mayor, así como un aumento de mujeres adultas mayores que viven en hogares unipersonales por la mayor esperanza de vida femenina.

Por otro lado, también se aprecia un aumento de los hogares monoparentales, mayoritariamente (87%) hogares con jefatura femenina.

La mayor permanencia escolar y el consiguiente retraso en la incorporación laboral han contribuido al retraso en la edad a la primera unión. A pesar de ello, el matrimonio de menores de edad continúa siendo común en México. Se trata de un fenómeno predominantemente femenino resultado de una diferenciación de género: en 75% de las entidades federativas del país una de cada cuatro mujeres rurales entra en una unión conyugal antes de cumplir la mayoría de edad.

Es encomiable que la política pública en nuestro país contribuya de manera mediática a abatir uno de los problemas más grandes que presenta la dinámica poblacional: la fecundidad adolescente. Sin embargo, no sólo se requiere ampliar la incidencia a otras temáticas, como las uniones tempranas, sino también la adquisición de una visión más amplia que permita conceptualizar a las familias mexicanas con un nuevo lente y diseñar políticas públicas que las tomen en cuenta.

También te puede interesar:

Valor y prudencia del Papa Francisco

Federalismo fiscal en la nueva Ciudad de México

Tipo de cambio en México: medidas no convencionales para un momento único