Opinión

¿Políticamente correcto?

 

Una declaración contundente, tranquilizadora y relajante. No hay de qué preocuparse. Los muertos o heridos de esta “pequeña escalada de violencia” no son una realidad, es una simple percepción que la estadística habrá de redimir y mostrar en su real dimensión.

El señor gobernador del Estado de México, con voz profunda declara que la escalada de violencia que vive su entidad es “un fenómeno atípico y temporal”.

Nada que ver con las nefastas circunstancias de los estados vecinos, particularmente Michoacán o Guerrero que si bien atraen la atención pública, no son exclusivos en materia de criminalidad y violencia, por el contrario, son un reflejo de la realidad que vive prácticamente todo el país y que resulta inocultable. Pretender negarla o minimizarla mediante el discurso cándido no sólo resulta estéril sino ofensivo.

Se ha tornado práctica reiterada en las declaraciones de la autoridad ante el incremento de los niveles de violencia, el justificar la circunstancia como una reacción de los criminales a la efectividad y contundencia de la acción del estado para combatirlos, postura común que a nadie convence ni satisface.

Espacio común, es también el de la coordinación de los tres órdenes de gobierno, señalando implícitamente la responsabilidad compartida que, frecuentemente, no hace otra cosa que generar vacíos de competencia que son bien aprovechados por la delincuencia, generando impunidad y consecuentemente mayores incentivos para delinquir.

Otro eufemismo recurrente en el discurso es el del blindaje territorial para evitar la contaminación criminal y la penetración en espacios físicos por parte de bandas delictivas procedentes de otras entidades, cosa que sólo se considera factible en un estado militarizado con severos controles de identificación.