Opinión

Política y congruencia

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POBRES SLP

En política, percepción es realidad y en México la percepción es que las cosas no marchan bien. El regreso del PRI al poder tenía la obligación ética y política de tener un comportamiento diferente a cuando fue partido hegemónico. En esta segunda oportunidad que le otorgaba la ciudadanía tenía que demostrar en los hechos que era un partido diferente, para una sociedad mexicana y un país diferentes a los que había gobernado en el siglo XX. El mundo también era diferente, como muchos escritores han señalado. El siglo XXI se había adelantado y los ciudadanos de hoy no eran los de ayer, aún siendo los mismos.

Los ciudadanos ahora ya habían probado gobiernos de otro signo partidario, pero también cuentan con nuevas tecnologías de información como un instrumento intrínseco a su ser. Sumado a ello, el contexto internacional económico había cambiado desde septiembre de 2008, con el estallido de la “burbuja financiera” y lanzado al mundo a una crisis económica de la que aún no se recupera.

Asimismo, el regreso del PRI se daba en un auge universal de proclamación de los derechos humanos, lo que generaba cambios -no sólo de forma- en la cultura jurídica, en las políticas públicas y hasta el sistema político. Prueba de éste último son los llamados candidatos independientes.

En 2012 la llegada del PRI al poder abrió la posibilidad de “haber aprendido la lección” y demostrar en los hechos eficiencia para el gobierno y frente a nuevas exigencias sociales hacer de todos sus actos una rendición de cuentas y trasparentar todo lo hecho y por hacer. Pero diferentes acontecimientos que han tocado el primer círculo del poder han dejado la percepción de que la corrupción corroe las instituciones y los pasillos del gobierno y que la impunidad campea a sus anchas, la realidad puede ser diferente pero la percepción es esa.

La mayor ruptura se ha dado en el eje de la confianza, y para recuperarla la fidelidad debe ser hacia los ciudadanos más que a una ruta trazada, porque sencillamente los vientos de México y el mundo han cambiado.

Si bien al inicio de este sexenio se sorprendió a propios y a extraños, a los mexicanos y al mundo, al hacer política con una visión de Estado, construyendo una arquitectura reformadora que con acuerdos políticos diseñó respuestas a las demandas de los mexicanos tantos años rezagadas, el cúmulo de deudas y problemas con millones de pobres y una gran desigualdad, la ausencia de oportunidades de trabajo o de educación y salud entre otros han evidenciado la crisis de cohesión social abriendo más espacios a la ruptura del Estado de derecho, con la violencia y la impunidad como compañeras de viaje que no ha podido ser revertido, y que no puede esperar.

La falta de crecimiento económico que como consecuencia trae empleo insuficiente e ingresos precarios, ensanchan la pobreza y la desigualdad, altos impuestos que inhiben el consumo y en términos reales reducen los ingresos hacen urgente que se rompa el círculo vicioso a fin de fortalecer el mercado interno, ampliar la planta productiva y reemprender el camino del crecimiento, frente a lo que digan los neoliberales, lo que hace falta es la intervención del Estado y bajar los impuestos.

Asimismo, es necesario emprender una verdadera cruzada contra la corrupción, y hacer de la transparencia y la rendición de cuentas moneda corriente en todos los servidores públicos y en los tres niveles de gobierno.

La construcción del porvenir pasa ahora por el reconocimiento de lo que México es hoy, una sociedad plural, activa, demandante, exigente de resultados, de honestidad, de rendición de cuentas, hay que elevar el nivel de la calidad de la política y como bien decía Willy Brandt, “a los problemas de la democracia hay que responder con más democracia”, no es con descalificaciones a los adversarios sino con política de calidad que se ganan debates y se cambia la percepción social, además, obvio, con acciones que cambian la actual situación a favor de los mexicanos.

El 2018 está cercano, pero lo que tenemos ya son los problemas, los rezagos, las exigencias, y una nueva sociedad civil. Más nos vale corregir la ruta y acelerar el paso.

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