Opinión

Política en España

  
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 [Las previsiones de la Comisión Europea pronostican un lento avance en la lucha contra la desocupación en España en los próximos años./Bloomberg] 

Vivimos aislados. No hay mucho interés en México por lo que ocurre en el resto del mundo. Un poco Estados Unidos, mucho menos España, y todo lo demás sólo lo atendemos cuando ocurre algún asunto excepcional. Eso hace que a veces imaginemos que sólo nosotros enfrentamos ciertos fenómenos que en realidad son globales, o al revés, que pensemos que algo es normal, cuando sólo es nuestro.

Ya hemos comentado acerca de la gran transformación que sufre el mundo en materia política con la desaparición de izquierda y derecha. Los problemas de las personas ya no caen claramente en esos espacios, de forma que las respuestas que los partidos políticos conocen ya no resultan útiles. El resultado es que los votantes abandonan a los partidos tradicionales y experimentan con lo que sea. Literalmente lo que sea: Donald Trump y Bernie Sanders, en Estados Unidos; Podemos o Ciudadanos, en España; Cinco Estrellas, en Italia, etcétera.

El caso español me parece que puede ser muy ilustrativo. Tuvieron elecciones a fines de 2015, pero la composición del Congreso no permitió formar gobierno, de manera que volvieron a las urnas hace un par de meses, pero con el mismo resultado, no han podido formar gobierno. Tal vez haya una tercera elección en menos de un año, y ya veremos qué ocurre, pero con las dos que ya sucedieron podemos extraer alguna información muy interesante.

En 2015 el Partido Popular (PP) obtuvo casi 29 por ciento del voto, mientras que el PSOE apenas llegaba a 22 por ciento. Es decir, los partidos tradicionales superaron por muy poco el 50 por ciento. El nuevo partido de izquierda, prácticamente antisistémico, Podemos, obtuvo 21 por ciento (entre varios partidos asociados), mientras que la vieja Izquierda Unida se quedaba cerca de 4.0 por ciento. La nueva opción de derecha, Ciudadanos, alcanzó 14 por ciento. Es decir que sumando izquierda y derecha, en todas esas versiones, en 2015 quedaron con 43 (d) contra 47% (i).

En 2016, el PP se quedó con un tercio de los votos, mientras que el PSOE mejoró un poco, para casi llegar a 23 por ciento. Podemos, asociado con Izquierda Unida, sufrió una caída importante para quedar en 21 por ciento. Ciudadanos también perdió un poco, para quedar en 13 por ciento. Nuevamente, sumando todas estas opciones, la derecha alcanzó ahora 46 por ciento frente a 44 por ciento de la izquierda. Es decir, tres puntos se movieron de un lado al otro, pero ambos quedaron por debajo de 50 por ciento, y no pueden formar gobierno.

La causa de que no puedan formar gobierno es que hay un 10 por ciento de los votos que no se va en esta dirección. Prácticamente 7.0 por ciento apoya a partidos 'nacionalistas', y cerca de 1.0 por ciento vota por el partido animalista. El resto, alrededor de dos puntos, se divide entre decenas de partidos muy pequeños: 42 en 2015 y 38 en 2016. Como dato curioso, hubo 10 partidos con menos de mil votos en 2015, y 18 en 2016, uno de ellos con ¡54 votos!

Es decir que hay una dispersión del voto que creo que podemos esquematizar de la siguiente manera: entre 50 y 55 por ciento del voto para partidos grandes, tradicionales, de izquierda y derecha. Entre 30 y 35 por ciento para partidos nuevos, que se llaman de izquierda y derecha pero que en realidad apelan a temas muy diversos, y extremos. Y finalmente hay 10 por ciento del voto asociado a regiones, animales, o a decenas de opciones políticamente inútiles. Pero ese 10 por ciento impide la formación de gobierno, ya que no se suman a las fuerzas principales.

Dicho de otra forma, la democracia parece ya no ser el gobierno de las mayorías, sino de las minorías. España lo ejemplifica, pero no es el único caso.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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