Opinión

Policía digna

 
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La SSPDF realizó un despliegue policiaco para evitar que las manifestaciones lleguen al Zócalo. (Eladio Ortiz)

Hubo un tiempo en México en que las dos profesiones más respetadas eran la de médico y la de maestro. Ambos, junto con los sacerdotes, constituyeron el liderazgo de comunidades, estados y ciudades enteras.

Escuchar que alguien aspiraba a convertirse en doctor en medicina, independiente de la especialidad, o que su interés de vida era la docencia, significaba una aspiración llena de prestigio, calidad moral y preparación. Incluso, durante su época de oro, el cine mexicano retrató a estos dos profesionales como lo mejor de nuestra sociedad.

Hoy podemos debatir si esa imagen se mantiene o incluso si corresponde a la realidad de, al menos, las últimas tres décadas (junto con los sacerdotes). Los ideales han cambiado y las circunstancias también, aunque de manera constante escucho comentarios acerca de la nostalgia que produce no contar con esos ejemplos sociales de civismo y decencia en medio de un aparente mar de casos de impunidad y corrupción.

Si bien es cierto que los ciudadanos merecemos mejores policías, no podemos negar que los policías también merecen mejores ciudadanos.

Y ahí podemos contribuir bastante. Primero, acercándonos a la Policía. Sí, leyó bien. Debemos conocer el proceso de capacitación que siguen las diferentes corporaciones responsables de nuestra seguridad. Dos casos que he podido atestiguar: el Instituto de Formación Policial de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México y los centros de capacitación de la Policía Federal son instituciones educativas que son un orgullo para cualquiera de nosotros. Forman al equivalente del médico y del maestro de nuestros abuelos. No me crea, compruébelo.

Sin embargo, estamos lejos de brindarle a la Policía el respeto y el reconocimiento que merecen la mayoría de sus integrantes. Esa imagen que tan bien ilustró el gran Abel Quezada en sus obras sigue, tristemente, habitando en nuestras mentes. Y las condiciones de vivienda, crédito, salud y educación a la mano de los policías y de sus familias, todavía distan mucho de ser las que nosotros aceptaríamos como personas; eso sin hablar de algunos estados en donde ni siquiera cuentan con lo elemental.

Pero nosotros podemos acelerar esta transformación a través de una regla muy sencilla: a los buenos policías se les reconoce y a los malos se les denuncia. Volvió a leer bien. El Consejo Ciudadano ha comprobado que valorar a los policías que tienen vocación crea las bases de esa sociedad justa que exigimos a gritos, pero que en ocasiones estamos demasiado ocupados para construir.

Twitter:
 @LuisWertman

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