Opinión

¿Polarización como destino?

  
1
  

  

Ricardo Anaya exigió a la CNTE que levante los bloqueos y canalice sus demandas por la vía institucional. (cuartoscuro)

Estoy convencida de que la polarización puede, pero no debe, ser nuestro destino. La confrontación permanente hace retroceder a la democracia, debilita aún más la vida institucional, margina el diálogo y el quehacer de la política como herramientas fundamentales para dirimir diferencias y construir acuerdos mínimos. El destino de la polarización es el caos, la balcanización y la ruptura del tejido social.

Cuando la polarización se impone, los grupos y las personas se atrincheran y frente a la amenaza e incapacidad para reconocer, escuchar y dialogar, estarán a la defensiva e incluso pueden considerar como solución la eliminación de aquellos que ponen en riesgo sus intereses. En la polarización, la legalidad estorba y será la ley de la selva la que dicte las conductas y las consecuencias. Desaparece el 'nosotros' y sólo quedan el 'tú' o el 'yo'.

Hoy vivimos en un México y en un mundo donde la polarización va ganando la batalla. Los partidos políticos en España no han podido construir un gobierno en casi 300 días. Las elecciones en Estados Unidos han confrontado a grupos que hasta hace poco convivían con civilidad y respeto, aun cuando las diferencias ya estaban ahí. El creciente antisemitismo en diversos países de Europa nos remonta a las épocas más oscuras de la historia, y los estigmas frente a un mundo musulmán han crecido geométricamente.

La polarización tiene múltiples causas. En el caso de México están íntimamente ligadas a una permanente debilidad en nuestra cultura de legalidad; al hartazgo de ciudadanos que frente a caprichosas minorías y grupos de extorsión pierden sus patrimonios, sus libertades y derechos. La confrontación es también producto de la incapacidad para impartir justicia.

Un valor supremo de la democracia es justamente la pluralidad, la diversidad, las diferencias entre las partes. Pero también, son valores de la democracia el ser iguales frente a la ley y el peso de las instituciones para que no sean las personas o grupos quienes, discrecional o ventajosamente, resuelvan a su favor.

No puede haber ni suficiente esperanza, ni suficiente energía, ni suficiente capacidad para avanzar, si la polarización se impone, simple y sencillamente porque demanda la fuerza que como sociedad necesitamos para construir entre quienes piensan igual, pero también distinto.

Polarización y odio se retroalimentan con acciones, palabras y finalmente con distancias imposibles de remontar.

El destino de una pareja que elige la confrontación como vida cotidiana será la amargura y el rompimiento. El destino de un partido político en el que los liderazgos apuestan por la polarización terminará por perder aun antes de salir a contender. El destino de una comunidad cuyo tejido social se ha diluido es terminar convirtiéndose en enemigos dentro de un mismo territorio con costos inimaginables e incluso generacionales.

Hace poco un notario público me compartía que las guerras más cruentas son entre aquellos que un día vivieron juntos e incluso fueron familia. Los pleitos y la polarización que provoca un divorcio o la ambición en una herencia pueden rebasar cualquier límite y terminar en destrucciones permanentes.

Es momento de hacer un alto en el camino. La polarización es inversamente proporcional a la gobernabilidad, al derecho que tenemos para construir nuestros sueños en un ambiente de paz y certezas mínimas.

Dialogar ¿para qué? No sólo es dialogar por dialogar, sino para construir capacidad de gobernar, para construir procesos que institucionalicen los acuerdos y así disminuir los niveles de polarización y avanzar.

Revertir los niveles actuales de hartazgo, frustración, injusticia y soledad exige como premisa básica la vigencia de un Estado de derecho y también la voluntad y el compromiso de liderazgos, grupos y ciudadanos para hacer posible una agenda de reconciliación nacional con propósitos comunes. El primero de ellos bien puede llamarse México, porque la desgracia del otro terminará por arrastrarnos.

Twitter: @JosefinaVM

También te puede interesar:
Sin muros
¡Esto es México wey!
El mandato del voto

>