Opinión

Poesía y mierda

 
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Salvador Novo

Un escritor genial, un gran poeta...
Desde los tiempos del señor Madero,
es tanto como hacerse la puñeta.


Salvador Novo

“Tuvo mucho talento y mucho veneno, pocas ideas y ninguna moral. Cargado de adjetivos mortíferos y ligero de escrúpulos, atacó a los débiles y aduló a los poderosos; no sirvió a creencia o idea alguna, no escribió con sangre, sino con caca”. Con estas palabras describe Octavio Paz a Salvador Novo, uno de los poetas mexicanos más importantes del siglo XX, miembro del grupo Contemporáneos, y de su ala homosexual, conocida como los Anales. Imposible describirlos mejor, piensa Luis Felipe Fabre, quien gracias a su erudita e ingeniosa reflexión sobre Novo, es capaz de revelarnos el secreto de los poetas: “la poesía se origina en el ano”.

Escribir con caca se titula su más reciente y poderoso ensayo. Si, por lo general, luego de originarse en el ano la poesía se sublima y se eleva hacia la boca para convertirse en canto, y en algunos casos en canon y en moral, en Novo ese proceso no existe. Lo alto y lo bajo se confunden. Poema y mierda son indiscernibles.

La mierda que le arroja a los demás, la que se embarra a sí mismo en sus versos, en esos sonetos satíricos y obscenos en los que encuentra lugar todo aquello considerado repugnante, inmoral o censurable por el cuerpo social. La poesía de Novo sería, desde esta perspectiva, un ejercicio de resistencia anal. El ano como máquina revolucionaria. Su uso —en la cópula, en la escritura—, como transgresión a la norma.

Y es que el carácter libertario del ano de Novo viene de origen. Surge con su propio lenguaje. Gracias a su madre —por ignorancia, mojigatería o perversión, imposible de saber— llama ano a su pene, el mismo pene que durante una de sus clases acaricia su profesor particular —despedido al poco tiempo, supone el propio Salvador, por desconocer la nomenclatura anatómica—.

Es en virtud de este trastoque de los nombres, según Fabre, que su ano queda exento de castración, liberado por siempre para excretar lo que se le pegue la gana, para mandar a la mierda todo (excepto su cuerpo): el prestigio, el honor, el decoro, la moral, la posteridad, el amor, la Poesía, la “Gran Obra”, como si la poética de Novo consistiese precisamente en una renuncia de todo ello, como si su escritorio fuese un altar de Tlazoltéotl en el que el poeta sacrifica la Obra Maestra a la diosa de las inmundicias. Porque la poesía, para él, resulta imposible. “¿Pude yo ser poeta?”, se cuestiona a sí mismo en 1955.

El libro termina con Novo en el Mictlán, descendiendo por las entrañas del mundo hasta llegar al ano de la nada. Un Novo con ganas de obrar, de cagarse sobre toda la literatura universal. Un Mictlán que en realidad “no es más que aquello/ que se conoce como Literatura Mexicana:/ un infierno del que no se puede escapar/ por más esfuerzos universalistas que uno haya hecho en vida”. “¡Tanto leer a Wilde para acabar así!”, se lamenta el escritor varias veces.

El libro de Luis Felipe Fabre es, pues, un libro sobre la mierda. La mierda que somos y en la que nos convertiremos. Mierda que nos recuerda que llevamos en nosotros algo muerto que debe ser expulsado. Y que al hacerlo, en estado sólido o a través de letras y palabras, nos deja algo de sí y se lleva algo de nosotros. Una mierda fecunda, que para Novo implicó “fuga, realización en plenitud, canto jubiloso de amor”. Mierda, en última instancia, “que hace que la tierra/ sea tierra y no una estéril mezcla meramente mineral”.

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