Opinión

Poemas tristes

 
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Charles Simic, (www.elcultural.es)

Hace dos semanas, Gil presentó en esta página del fondo fragmentos de las letras del poeta Charles Simic. Gil ofrecen esta ocasión a la lectora y el lector un puñado de poemas de dos libros de Simic inéditos en español, los más recientes, Mi silencioso séquito y El amo de los disfraces. Esta página es lo más parecido que hay a una primicia literaria de viernes, ambos libros aparecerán en la editorial Cal y Arena en las traducciones magníficas del poeta Rafael Vargas. Ustedes dirán:

Muerte en la familia

En aquellos días
mi padre se sentaba en la terraza
con los periódicos en el regazo
y mi madre colgaba la ropa
en el patio trasero
Yo escalaba
hasta la punta de un ciruelo
e imaginaba que era grande.

Ahora mi padre está tendido en la cama
rodeado de velas
mi madre se sienta a su lado
envuelta en una cobija
y canas desparramadas.

(Oscuras siluetas husmean
los cajones en la sala)

Yo regreso
entre huertos
y prados
y siento la noche
en mi hombro.

• • •

Mi turno para confesar
Un perro que intenta escribir un poema sobre el por qué ladra,
¡Ése soy yo, querido lector!
Estaban a punto de echarme de la biblioteca
Pero les advertí:
Mi amo es invisible y omnipotente.
Aun así, insistían en arrastrarme de la cola.

En el parque los pájaros hablaban sin tapujos de sus propias vejaciones.
Vi a una anciana que en una banca
Cortaba sus blancos caireles con tijeras imaginarias
Mirándose en un espejo de bolsillo.

En ese momento no dije nada,
Pero aquella noche me eché en el suelo
Mordiendo un lápiz,
Suspirando de cuando en cuando
Y gruñendo, también, ante algo cuya presencia sentía
pero que no lograba nombrar.

• • •

Palomas en la madrugada

Se hacen esfuerzos extraordinarios
Para ocultarnos las cosas, amigo mío.
Hay quienes permanecen despiertos hasta la madrugada
Para escudriñar sus almas.
Y quienes se desnudan unos a otros en cuartos oscuros.

El viejo y ruidoso elevador
Nos llevó primero al helado sótano
Para mostrarnos un trapo y una cubeta
Antes de que se dignara subir otra vez
Con un suspiro de exasperación.

Bajo el vasto cielo del alba
La ciudad yacía silenciosa ante nosotros.
Todo aguardaba:
Las azoteas y las torres de agua,
Las nubes y las volutas de vapor.

Debemos ser pacientes, nos dijimos,
Ver si las palomas zurean y asoma a su ventana
La mujer que las alimenta con pastel de ángel,
siempre invisible,
salvo por su esbelto brazo.

• • •

En la mañana, medio despierto
El recuerdo de un cielo de verano, sin nubes,
El elegante hastío de los árboles
En un moroso día sin viento.
La quietud de los caminos rurales
poco transitados, con su entramado de sombras.

La casa con las cortinas cerradas,
Un par de pantuflas rojas en las escaleras del frente,
Pero no hay nadie en el granero ni entre las rosas
A las que les gusta ser saludadas
Y admiradas a esta hora.

El amor, ese maldito idiota que apunta una lámpara
Con una batería desfalleciente hacia el pasado
Debería encontrar algo más que una cabra atada a un poste
y lista para darle un tope a cualquiera en las nalgas
Si se atreve a cruzar su camino.

• • •

El amo de los disfraces
Sin duda camina entre nosotros, inadvertido:
un peluquero, un farmacéutico, un empleado de almacén,
un mensajero, una peinadora, un físicoculturista,
una bailarina exótica, un tallador de gemas, alguien que pasea perros,
el mendigo ciego que canta Oh, Señor, acuérdate de mí,

una decoradora de aparadores que enciende un falso fuego
en una falsa chimenea mientras mamá y papá miran
desde el sofá con una sonrisa congelada
y las calles se vacían y llega la hora
de que el enterrador y el último mesero se vayan a casa.

Oh, anciano sin hogar, parado en el quicio de una puerta
con tu rostro semioculto,
no descartaría siquiera al gato negro que cruza la calle,
al foco desnudo que se mece en un cable
en un túnel subterráneo cuando el tren se detiene.

• • •

Mil novecientos treinta y ocho
Ese fue el año en que los nazis entraron a Viena,
Superman hizo su début en Action Comics,
Stalin exterminaba a sus camaradas revolucionarios,
La primera Dairy Queen abrió en Kankakee, Illinois
Y yo estaba en mi cuna orinando mis pañales.

“Debes haber sido una hermosa bebé”, cantaba Bing Crosby.
Un piloto al que los diarios llamaron Confundido Corrigan
Despegó de Nueva York con rumbo a California
pero aterrizó en Irlanda, mientras yo miraba cómo mi madre
sacaba un pecho de su bata azul y me lo acercaba.

Aquel septiembre hubo un huracán que arrastró un cine
Por los aires hasta la playa de Westhampton.
La gente se angustiaba porque el mundo se iba a acabar.
Un pez al que se creía extinto hacía setenta millones de años
Apareció en la red de un pescador en la costa de Sudáfrica.

Mientras yacía en mi cuna los días se volvían más cortos y más fríos
Y la primera nevada fuerte cayó en plena noche
Haciendo que todo se volviera muy silencioso en mi cuarto.
Ahora creo que me escuché llorar por un largo, largo rato.

• • •

Garrapateado en la oscuridad
Un grito en la calle.
Alguien lucha con su demonio.
Luego, la calma retorna.
El viento despeina las hojas.
En sus nidos las aves agradecen
El ser mecidas y devueltas al sueño.
La noche se enfría.
Los hilos de sangre en la alcantarilla
Aguardan el amanecer.

• • •

Efectivamente, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos, mientras los camareros acercan las bandejas con Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular sobre el mantel tan blanco estas frases de Simic: “Todos le ladramos a la luna. Ladramos por alguna injusticia que se comete allá afuera”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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