Opinión

Pobreza y crimen. Cuestión de enfoques

 
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pobreza

Dignas de profundo análisis resultan dos declaraciones en fechas recientes, que motivan la perplejidad del auditorio. La primera, realizada por el multifuncional secretario de desarrollo social Don José Antonio Meade en relación a la cantidad de pobres que existe en nuestro país, Asegurando que si la medición se hiciera con otra metodología su número disminuiría a 12.5 millones. La segunda, tiene como fuente colectiva al gabinete de seguridad, dando la noticia de un enfrentamiento de fuerzas federales con un grupo de delincuentes entre los que se encontraba el narcotraficante Joaquín Guzmán, quien habría resultado herido y habría logrado escapar nuevamente.

Ambas declaraciones resultan, por decir lo menos, extrañas, tanto por sus contenidos, como por lo innecesario. En el primer caso, parece existir una confusión de roles, entre el del exsecretario de Hacienda, del ex canciller y el del actual en la cartera de desarrollo social.

Ciertamente, sería deseable que la posición de México entre las diez mayores economías del mundo se correspondiera cabalmente con el bienestar equitativo de sus habitantes, más allá de los indicadores empleados para medirlo. La pobreza, trasciende la percepción, es una cuestión de realidades individuales y colectivas. Quienes la padecen no reparan en la estadística. En todo caso, esta debe de ser la herramienta gubernamental que brinde los elementos de juicio necesarios, objetivos y realistas para la implementación de las políticas públicas orientadas a su solución. El comentario del alto funcionario no sólo relativiza el tema de la evidente pobreza en el país, sino que acusa la visión que tiene para el desempeño de su encargo y, por otra parte, cuestiona indirectamente, una de las políticas emblemáticas de la administración, la llamada Cruzada Nacional Contra el Hambre.

En el segundo caso, no se entiende con puntualidad la intencionalidad de revelar, en comunicado conjunto, casi anónimo, que el Houdini mexicano, reivindicando sus dotes escapistas, volvió a huir. La noticia, por su naturaleza y contenidos, ahonda la incertidumbre y motiva la especulación. ¿Es posible acaso que con ella se pretendiera desviar la atención del escándalo de los videos difundidos sobre el momento de la fuga? Si es así, el efecto que se logra es totalmente contrario y da la idea de la fabricación artificiosa de cortinas de humo en torno al asunto.

Vistas en su conjunto, ambas declaraciones bien pudieron haberse omitido. Ninguna de las dos modifica la realidad. El crimen se enseñorea en diversas regiones del país con su carga de violencia, impunidad y corrupción. La pobreza lacera a millones de mexicanos. La polarización social se acentúa cada día más pese a los indicadores macroeconómicos que nos ubican en posiciones más ventajosas frente a otras economías del mundo.

Las estrategias de comunicación tradicionales, en un ambiente cada día más abierto a la crítica social directa e inmediata han perdido el impacto seductor y convincente de antaño. La experiencia individual se expresa expedita, se torna colectiva y se viraliza en minutos, generando una opinión compartida que da cuenta del real sentimiento social que se opone, las más de las veces, al discurso oficial.

La pobreza, el crimen y la insatisfacción de la sociedad con su circunstancia no pueden ser una cuestión de enfoques.

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac México Norte.

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