Opinión

Pobreza: a mismas acciones, mismos resultados


 
 
 
Si usted reúne aleatoriamente a diez mexicanos, cuatro de ellos pertenecerán al grupo de los que se preguntan qué comerán hoy y los seis restantes al grupo de los que se preguntan si comerán hoy.
 
Es una imagen para recordar, y puede parecer exagerada, pero la pobreza lo es.
 
Independientemente de las múltiples formas de medirla o de los diversos indicadores al respecto, la pobreza es pobreza.
 
Desde hace muchos años están en marcha programas sociales que formalmente tienen como propósito atenuar las carencias de una gran parte de la población. Pero los números dicen que no han servido para reducir la pobreza.
 
Ya está probado. A las mismas acciones, los mismos resultados. Desde hace décadas, las cifras de pobres van en aumento. Concedamos algunos descensos temporales, sí, pero la tendencia ha sido creciente.
 
Si una persona pertenece a los sectores que reciben los recursos asignados a estos programas, ello querrá decir que forma parte de quienes requieren fondos del erario. Si esa persona obtiene un empleo formal, integrará el grupo de quienes aportan a las arcas públicas.
 
“Cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos”, decía Facundo Cabral. Una persona con un buen empleo es una buena noticia porque cada trabajador es un pobre menos. Cada empleado se convierte en un ser humano con independencia económica, que no necesita del Estado para vivir.
 
Cada persona que se educa y se forma para tener las competencias requeridas por el mercado laboral es una fuente de sustento para sí mismo y un contribuyente para las causas comunes. Y mientras más aumenta sus competencias, mayores serán sus ingresos.
 
Harán falta, desde luego, plazas de trabajo que requieran de esas competencias, lo que a su vez requerirá de inversión, seguridad jurídica y un entorno adecuado para el desarrollo empresarial.
 
Es obvio, se dirá. ¿Y entonces por qué no lo hacemos?
 
Porque es difícil. Bien, entonces sigamos haciendo lo fácil.
 
¿Y si nos atrevemos a hacer lo difícil?
 
Sin afanes reduccionistas, parecería que nos hemos empeñado en perpetuar la pobreza. Así los articulistas podemos escribir sesudos y sentidos textos, las instituciones académicas y sociales podrán seguir elaborando profundos estudios, y los políticos tendrán un vasto territorio para hacer promesas.
 
En las campañas electorales de los últimos años hemos visto la terca competencia de candidatos y partidos que en cada discurso y en cada gira juegan el juego de Quién da más.
 
Yo daré tarjetas, vales, ayudas, despensas. Yo daré mil, asegura uno. Yo dos mil, promete otro. Pues yo tres mil, sentencia alegremente un tercero.
 
La Unión Europea ya recorrió ese camino. Los países que la integran destinan a las políticas sociales 50 por ciento del gasto mundial con este propósito. Y a pesar de ello, allá hay 40 millones de personas en situación de pobreza extrema.
 
Hoy tenemos un bono demográfico que pasará, y se llevará sus enormes posibilidades, si no cambiamos nuestra enfoque asistencialista por políticas claras y eficaces que alienten la inversión, el trabajo y la productividad.
 
No es tan fácil, se dirá. No, nadie ha dicho que lo sea.