Opinión

Pobres pero sin inflación, gran consuelo

Una de las más importantes asignaturas pendientes de México en materia económica es la de reactivar el mercado interno, ya que si esto no se cumple seguiremos creciendo mediocremente y dependiendo de los Estados Unidos para que nos vaya relativamente bien. Así pues, es de fundamental importancia que el gobierno federal genere las condiciones necesarias para que las empresas puedan crear los suficientes empleos bien remunerados, de manera que cada vez haya más consumidores con un adecuado poder adquisitivo comprando productos, de preferencia nacionales.

Con esto en mente, comencemos analizando cual ha sido la evolución del empleo formal y total en México en el último año:

Empleo formal

En el periodo de agosto de 2013 al mismo mes de 2014, el número de trabajadores registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) aumentó en 3.71%, lo que se constituye como la tasa de crecimiento observada más alta desde mayo de 2013. Este incremento representa 608,756 trabajadores “adicionales” en los registros del IMSS, y con esto se llegó a la cifra de asegurados más alta de la historia, totalizando más de 17.023 millones de trabajadores.

Estas cifras han sido ampliamente destacadas por el gobierno federal y se nos muestran como evidencia de que la recuperación económica ahora si ya está en marcha. Sin embargo, debemos entender que un aumento de 608 mil trabajadores en un año es una cifra muy por debajo de lo que el país requiere para abatir la informalidad, la cual le da empleo al 60% de la población ocupada en México. Aunado a lo anterior, se debe destacar que muchos de los empleos “adicionales” registrados ante el IMSS no necesariamente son “nuevos” puestos de trabajo sino que son producto de las actividades de auditoría y revisión a las empresas por parte del propio Seguro Social, por lo que la cifra de 608 mil es positiva pero no es motivo de echar campanas a vuelo.

Empleo total

Otra forma de ver el problema de la escasa creación de empleos en México es observando los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, la cual muestra que en el segundo trimestre de 2013 en México había una Población Ocupada (PO) de 49,549,331, mientras que en el segundo trimestre de 2014 la (PO) sumó 49,545,156, lo que significa que en un año la población ocupada en México disminuyó en 4,175 personas.

No obstante lo anterior, para el mismo periodo el INEGI reporta que la Población Desocupada (PD) pasó de 2,607,369 personas en el segundo trimestre de 2013 a 2,539,069 en igual trimestre de este año, lo que representa una disminución en el número de desempleados de apenas 68,300 personas. En este mismo sentido, tenemos que la Población Subocupada pasó de 4,228,785 personas en el segundo trimestre de 2013 a 4,040,683 personas en igual trimestre de 2014, lo que representa una disminución de 108,102 personas en condición de subocupación en el último año.

Lo que nos muestran los datos del INEGI hasta ahora presentados es que si bien ha habido una ligera mejoría en materia de empleo en el último año, al segundo trimestre de 2014 en México aún hay 6,579,752 personas en condiciones de desocupación o de subempleo, lo que indica que el reto en esta materia es aun mayúsculo y se requiere tomar medidas considerables para remediar esta situación.

Y es que el no atender el problema de la falta de empleo, además de mantener nuestro mercado interno debilitado, también seguirá ocasionando que miles de mexicanos tengan que emigrar cada año a los Estados Unidos para buscar trabajo, lo que implica el rompimiento de familias y enormes sufrimientos por las vejaciones que muchos de nuestros connacionales sufren; aunque luego resulta motivo de alegría y festejo cuando el Banco de México (Banxico) nos informa que las remesas aumentan, tal como sucedió hace unos días cuando se nos informó que las remesas aumentaron 8.4% en julio de este año, de manera que en el primer semestre de 2014 alcanzaron los $13.621 mil millones de dólares.

Así pues, desde esta columna he señalado que independientemente de los problemas causados a la industria nacional por una política fiscal inadecuada que no incentiva la creación de empleos formales, así como por un creciente problema de subvaluación de mercancías en las aduanas, un serio impedimento para que las empresas mexicanas puedan crecer se deriva de tener un tipo de cambio con un peso sobrevaluado prácticamente todo el tiempo, lo que resta competitividad a nuestras exportaciones y abarata las importaciones. Esto último dificulta la creación de empleos en el sector manufacturero nacional, sobre todo en un contexto en el que las naciones han estado inmersas en una “guerra de divisas” desde el año 2009.

La sobrevaluación del peso se genera por la política monetaria implementada por el Banxico, el cual si bien ha bajado su tasa de interés objetivo a un nivel mínimo histórico de 3.0%, no ha sido capaz de evitar que el peso constantemente se sobrevalue frente al dólar, ya que la tasa de interés de referencia en dicha nación es de 0%. Así, es importante mencionar que si tomamos como base el mes de junio de 1997 y analizamos los incrementos de precios en México y los comparamos con los de Estados Unidos, tenemos que el tipo de cambio teórico de equilibrio era para agosto de este año de $14.27 pesos por dólar, lo que implica un nivel de sobrevaluación de 8.4 por ciento.

Desde luego que el discurso del Banxico es en el sentido de que no interviene en la determinación del tipo de cambio, y que el que se observa es producto de la libre interacción de la oferta y demanda de divisas; sin embargo, sabemos que a través del nivel de tasas de interés y de la base monetaria, se puede incidir directamente en la paridad haciendo que el peso sea relativamente más o menos escaso, según se requiera que el tipo de cambio suba o baje.

¿Pero porque el Banxico no aumenta la oferta monetaria o baja aún más las tasas de interés con el fin de que el tipo de cambio sea más alto y así se impulse a la planta manufacturera nacional y la creación de empleos? Pues porque desde su óptica esta medida sería inflacionaria por la enorme cantidad de insumos importados que requiere la industria nacional, y dado que su mandato constitucional es preservar el poder adquisitivo de la moneda, pues prefieren que México sea un país pobre con una escasa creación de empleos pobre, pero eso sí, con baja inflación.

Desde luego que los conceptos aquí vertidos respecto al tipo de cambio, y la forma cómo éste puede incidir en la creación de empleos son controversiales, pero para defender esta posición quiero emplear los conceptos utilizados por el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en su conferencia impartida en la Cámara de Diputados de Italia el pasado 24 de septiembre.

Sitglitz, resaltó que en Estados Unidos la Reserva Federal tiene un mandato en cuatro dimensiones: inflación, empleo, crecimiento y estabilidad financiera; pero en la actualidad su prioridad es estimular las políticas a favor del empleo. Por su parte, el mandato del Banco Central Europeo (BCE) es exclusivamente el de controlar la inflación (justo igual que el Banco de México).

“Cuando fue creado el BCE, algunos pensaban que para tener crecimiento y estabilidad bastaba tener la inflación bajo control, pero actualmente ni siquiera el FMI piensa eso, solamente Europa…esa es una convicción equivocada, una política monetaria equivocada con un impacto muy grave…Si Estados Unidos baja las tasas de interés pensando en el desempleo interno y en Europa las tasas se mantienen superiores, el tipo de cambio aumenta y Europa tiene cada vez más dificultades para exportar”, explicó Stiglitz.

Habiendo dicho lo anterior, considero que aunado a la serie de reformas estructurales que se han aprobado, falta aún una muy importante, y es la de ampliar el mandato constitucional del Banco de México, de manera que éste se sume a los esfuerzos por generar crecimiento económico y creación de empleos.

Si verdaderamente se quiere lanzar a México a que sea un jugador económico relevante en los próximos 20 años, esto debe darse a la par de la transformación de sus instituciones, tales como el Banxico. Ojala que los Legisladores le entren al tema y no se dejen influir por quienes desde el sector financiero gustan de que en México haya una política monetaria de altas tasas de interés y escasez monetaria.

Director General GAEAP.

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