Opinión

Pobre actuación de México en el Arreglo de Lisboa

 
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Tequila, Suplemento/Especial

Un asunto que se ha mantenido marginado a pesar de la enorme importancia económica que representa para nuestro país, y de las repercusiones que tiene en nuestras relaciones con la Unión Europea, es el relativo a la celebración, en estos precisos días en Ginebra, de la conferencia diplomática para la adopción de una nueva acta del Arreglo de Lisboa para la protección de denominaciones de origen y su registro internacional.

México ha sido parte de este tratado internacional desde hace muchos años, y desde que el tequila obtuvo el reconocimiento como denominación de origen protegida y escaló vertiginosamente posiciones en ventas y preferencias en mercados internacionales, el tema ha concentrado la atención de múltiples comunidades y gobiernos estatales, que miran en esta figura legal una alternativa para la construcción de cadenas productivas a partir del estímulo que representa la exclusiva legal para su empleo.

En ese sentido, podemos decir que por tradición jurídica, por conveniencia económica y por vocación con productos que basan su valor en el origen, nuestro país ha expresado su compromiso indeclinable con la tutela de denominaciones de origen, habiendo impulsado en los últimos años la protección interna de 14 nuevas denominaciones.

Lamentablemente, lo que debería ser interpretado como una oportunidad única de participar activamente en la confección del nuevo sistema para la protección de este tipo de derechos colectivos de propiedad intelectual, se está diluyendo sin que los delegados de México hagan frente común con sus aliados europeos, quienes reclaman una posición más comprometida con una causa que hasta hoy consideraban “común”. A cambio de eso, lo que se reporta de nuestra participación en tan relevante reunión es una actitud indiferente y contemplativa.

Si no fuese porque el TPP pudiera explicar este comportamiento bipolar, pensaríamos que los delegados mexicanos olvidaron el guión. No creo que sea así. Hoy México, bajo los auspicios de la firma de un nuevo tratado que promete nuevos intercambios supuestamente valiosos para nuestra economía, parece estar cambiando cartas de la baraja que privilegian los intereses que el vecino del norte tiene en esta materia; como sabemos, al no ser propietario de productos con denominación de origen, Estados Unidos se ha mostrado históricamente ajeno, o incluso abiertamente opositor a su protección, a fin de permitir a sus agricultores y vitivinicultores el comercio de vinos y quesos que diversos países europeos reclaman como propios.

Es decir, México parece estar cambiando su postura al “pasarse” al lado de los EUA, traicionando una trayectoria de más de 40 años de respeto y protección a denominaciones de origen, desconociendo, inclusive, sus propios intereses al desentenderse de productos mexicanos que esperarían de nuestras autoridades una conducta decidida de defensa para su impulso y crecimiento internacional. Los escenarios cambian pero la pregunta sigue siendo la misma….. ¿hasta cuando nuestro régimen de Propiedad Intelectual dejará de ser moneda de cambio en las negociaciones internacionales?

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