Opinión

Plurinominales

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Los diputados de Morena no lograron concretar la creación formal de un grupo parlamentario. (Archivo/Cuartoscuro)

Hace 52 años, el sistema autoritario que teníamos en México decidió abrir un pequeño espacio en el Congreso para la oposición. Se les llamó “diputados de partido” y son el antecedente de los diputados de representación proporcional, mejor conocidos como “plurinominales”. La idea, hace 52 años, era que hubiese una pequeña válvula de escape para una pequeña oposición. Conforme ésta fue creciendo, la válvula tuvo que hacerlo de la misma forma hasta convertirse en 40 por ciento de la Cámara de Diputados y 25 por ciento de la de senadores.

El sistema electoral mixto, que incluye representantes por distrito o entidad así como otros provenientes de una lista, no era muy popular en aquel entonces, y sólo hasta hace poco empezó a ganar adeptos. Los países anglosajones siguen privilegiando la elección por distrito, y los europeos las listas. Las dos cosas juntas, insisto, no han sido tan populares.

Acá en México los plurinominales han sido pararrayos del enojo popular contra la política. Se dice que nadie los eligió, que no son responsables frente a nadie, que nada más cuestan, y muchas otras cosas. Todas falsas, claramente. Son elegidos al mismo tiempo que los demás, pero usando otro método; son igual de irresponsables que cualquier otro representante; y todo indica que son más productivos que los de mayoría. De forma que tienen una inmerecida mala fama.

Pero hay algo que explica, al menos en parte, ese infortunio, y es que las listas reciben atención nacional, mientras que las candidaturas por distrito no las revisa nadie. Nadie, ni los que votan. Las listas de plurinominales son materia natural de la prensa, que busca quién es pariente de qué dirigente, quién busca fuero por malas administraciones, quién puede usarse de hazmerreír, y más. Rara vez la prensa comenta posibles virtudes de los políticos, pero en el caso de los plurinominales esto es todavía peor.

Revisar si un candidato trae malas cuentas o malas relaciones es algo de la mayor importancia. Criticar su parentela o su oficio no lo es. Es más, este tipo de críticas son profundamente antidemocráticas. Ha habido un alud de críticas a la candidatura de la señora Carmen Salinas, por ejemplo, afirmando que su oficio no la califica para ser diputada. Eso es una barbaridad: los diputados son representantes de la sociedad, y eso es lo único relevante. Si alguien cree que los artistas no son miembros de la sociedad, estamos en problemas. Si alguien descalifica a la señora Salinas por su muy particular forma de actuar, lo mismo. La lista de artistas que han sido diputados o senadores es amplia. Pocos han hecho algo significativo, pero lo mismo puede usted decir de los diputados y senadores de origen campesino, obrero, empresarial o militar.

La Cámara de Diputados, incluso más que la de senadores, es la representación transparente de México. Si usted la visita algún día, ahí encontrará lo que es México. Puede que no le guste, pero eso es otro tema. Ahí hay todo: gente honesta y ladrones, gente trabajadora y vividores, gente capaz e ignorantes. Nada de eso tiene que ver con que estén ahí.

Quienes creen que los representantes populares deben ser mejores que la sociedad, no han entendido cómo funciona la democracia. No hay manera de saber quién es mejor, porque no existe esa clasificación. No existe, y no puede existir. También hace 52 años que sabemos eso. Por eso votamos.

Twitter: @macariomx

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