Opinión

Plurinominales: el tiro por la culata


 
A Felipe Sánchez, columnista de El Imparcial de Oaxaca, ante amenazas criminales y la pasividad estatal.
 
 
En una fase aguda de crisis del sistema de representación política en el legislativo, los partidos van a emprender algunas reformas que no buscarán redistribuir el poder sino concentrarlo más en las élites oligárquicas.
 
 
Uno de los puntos sensibles es el de los 200 diputados plurinominales que son designados por los partidos y que se eligen en bloque. Y una propuesta plantea reducir su número para bajar el costo legislativo, aunque el efecto será disminuir aún más la representación.
 
 
El problema radica en la forma en que los partidos grandes se apoderaron de las plurinominales. Los pluris nacieron en 1964 como diputados de partido para abrir curules a partidos que no ganaban distritos electorales por el dominio absoluto del PRI: cinco diputados de partido por el 2.5 por ciento de los votos y un diputado más por cada 0.5 por ciento adicional hasta completar 20. La idea original fue darle oportunidad a las minorías.
 
 
El modelo se llevó a la realidad más de un siglo después de que el diputado Mariano Otero, en 1847, definiera con visión política la teoría de la representación de las minorías: “el sistema representativo es mejor en proporción que el cuerpo de representantes se parezca más a la nación representada”, es decir, la pluralidad. Pero este sistema fue distorsionado por las mayorías y hoy los plurinominales sirven más a los partidos grandes que a los chicos.
 
 
Cinco reformas electorales pervirtieron el sistema de representación política de las minorías. De ahí que más que reducir los plurinominales y con ello achicar más la representación minoritaria, el país necesitaría mejores reglas de distribución de las plurinominales a favor de las minorías; por ejemplo, una salida ideal sería que las 200 pluris fueran usadas exclusivamente por partidos chicos que obtengan menos de 20 por ciento de los votos y por candidaturas ciudadanas y dejarle las 300 diputaciones distritales a partidos que obtengan votos arriba der 20 por ciento. Hoy los tres partidos grandes usan las pluris para sus élites que llegan sin hacer campaña ni sudar el voto.
 
 
El mismo escenario podría preverse para el Senado: hoy se eligen tres senadores por estado, dos que llegan juntos y el tercero como primera minoría; y 32 senadores por lista plurinominal. La duplicación de las curules senatoriales la hizo Zedillo para tranquilizar a la minoría y que todos tuvieran curules, rompiendo el sistema senatorial de representación federal.
 
 
Para acotar al Senado se podría analizar la posibilidad de regresar a dos senadores electos por estado y un tercero que fuera para los partidos y ciudadanos minoritarios que no podrían sacar más del 20 por ciento de los votos. En la actualidad las dirigencias del Senado y sus comisiones llegaron por la vía plurinominal que favoreció a los tres partidos grandes.
 
 
Con esta forma de asignar plurinominales a las minorías, el sistema representativo beneficiaría ahora sí a las minorías porque tendrían el 40 por ciento de asientos en la Cámara de Diputados y el 33.3 por ciento del Senado; ciertamente que se dispersaría el voto entre muchas facciones, pero siempre con la posibilidad de que las minorías participen directamente en la toma de decisiones.
 
 
El problema del poder legislativo no es de despilfarro sino de su falta de representación real de la fragmentación de la sociedad. Hoy existen tres partidos que controlan el 85.6 por ciento de la Cámara de Diputados y el 87.5 por ciento del Senado, pero en una sociedad en donde, sin alianzas, el PRI apenas ganó en el 2012 el 28.9 por ciento de los votos, el PAN el 25.41 por ciento y el PRD el 19.7  por ciento. Así, tres partidos minoritarios deciden por la mayoría.
 
 
La reforma electoral debe equilibrar y pluralizar el poder, no reconcentrarlo.
 
 
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