Opinión

Plan Nacional de Desarrollo


Cada nuevo gobierno tiene que presentar un Plan Nacional de Desarrollo para su periodo sexenal, a más tardar el último día de mayo. El mandato constitucional estipula también que la planeación tiene que hacerse para lograr que el crecimiento de la economía sea equitativo.
 
Durante marzo y abril pasados hubo foros y paneles de discusión en diversas plazas de la República como apariencia democrática del proceso.
 
La verdad es que tales eventos 'de consulta' tuvieron más orden que carácter consultivo. Las propuestas y demandas de ciudadanos y grupos de interés se inscribieron en el discurso previamente elaborado por el gobierno en torno a  5 'ejes', con su correspondiente carga racional, pero también ideológica.
 
Los 5 ejes, como puede leerse en la página de la Presidencia de la República, son:
 
• Un 'México en Paz', que se refiere al derecho, la gobernabilidad y la seguridad
• Un 'México Incluyente', referido a derechos humanos, salud, seguridad social y equidad
• Un 'México con Educación de Calidad para Todos', que sirva para 'propiciar la innovación industrial'
• Un 'México Próspero', para generar 'certidumbre económica y un entorno que detone el crecimiento de la productividad del país'
• Un 'México con Responsabilidad Global', referido a la integración regional (norteamericana) y a la defensa del libre comercio
 
El jueves 9 de mayo terminaron los foros de consulta con el de México Próspero. Ése es el tema que define la orientación y énfasis de la política económica que viene impulsando el gobierno.
 
Se trata de acelerar el crecimiento económico y de mantener la estabilidad macroeconómica, propósitos en sí mismos indiscutibles. La política monetaria del Banco de México responde por la estabilidad de precios. Más complicado es desenmarañar la trama de factores que han frenado la economía nacional desde hace 30 años.
 
Como en todo el mundo, el freno al crecimiento de México es multifactorial; entre todas las causas, el secretario Luis Videgaray, de Hacienda, destaca la baja productividad, concepto en que incluye trabajo, capital y recursos naturales.
 
La productividad del conjunto, sostiene Videgaray, ha sido de menos 0.7% anual durante 30 años. Sin embargo, la laboral ha tenido un comportamiento positivo; según el INEGI, 0.3% por año entre 2005 y el tercer trimestre de 2012.
 
La paradoja se explica por la reducción de los salarios. Si factores como las innovaciones tecnológicas y organizativas de la planta productiva y los costos monopólicos de servicios como los bancarios frenan la productividad en general, pero no la de los trabajadores, se debe a que es cada vez menor la proporción de la masa salarial en la riqueza producida.
 
Esa tendencia viene desde 1989, cuando los salarios representaron el 35.2 % del Producto Interno Bruto, proporción que para enero de 2012 se había contraído -según el INEGI- al 27.44%.
 
Menor proporción de salarios en un PIB estancado, saca a relucir otro freno al crecimiento, como es el hecho de que en México solamente el 8.4% de la población ocupada gane más de 5 salarios mínimos (Informe sobre Competitividad Social en México 2012, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).
 
Tales remuneraciones salariales expresan desigualdades y polarización social, además de un mercado interno muy chico. Cabe aquí la observación de que para el neoliberalismo las desigualdades son resultado de la desigual capacidad productiva de los agentes económicos.
 
Según su ideología, la mejor manera de equilibrar esas capacidades de todos los que participan en la producción y el comercio, es dejar que compitan libremente.
 
El Plan Nacional de Desarrollo que se presentará está enfocado a hacer crecer la productividad mediante una mayor competencia mercantil, en un marco regulatorio más eficaz.
 
La actualización regulatoria ha inspirado reformas como la de telecomunicaciones, la de competencia económica, la que acaba de presentarse a la Comisión Permanente de los diputados en materia financiera. Bien si efectivamente se combaten prácticas monopólicas en esos sectores.
 
Pero no debió aplicarse la misma lógica a la reforma laboral aprobada al inicio del nuevo gobierno, para 'flexibilizar' las contrataciones y despidos en un mercado de baja oferta y alta demanda de puestos de trabajo.
 
Lo que anuncia el plan en su capítulo de México Próspero no es un crecimiento económico equitativo, sino un clima favorable a los grandes negocios, los mejor dotados financiera y tecnológicamente, y anuncia también mayor explotación de los trabajadores.
 
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Profesor de la FCPS de la UNAM