Opinión

¿Plan de reconstrucción
o plan de negocios?

11 octubre 2017 11:48

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sismo

México no ha terminado de llorar a sus muertos ni de sanar a sus heridos cuando enfrenta ya el gran reto de la reconstrucción, que pasa, ineludiblemente, por un examen profundo de la manera como nos hemos preparado para afrontar los desastres naturales y sus consecuencias.

El rescate entre los escombros ha terminado, pero millones de mexicanos no han podido recuperar la normalidad en sus vidas y miles se encuentran en extrema vulnerabilidad, sin casas, sin servicios y sin seguridad. Para ellos, acaso, hay escasa ayuda oficial y promesas vagas que evidencian que no hay un plan integral de reconstrucción, lo que revela que en las altas esferas del poder no existe una conciencia real de las dimensiones de la tragedia ni sensibilidad para atender a los afectados.

Los gobiernos local y federal han emprendido un plan de reconstrucción de viviendas en la Ciudad de México. La aportación entre ambos es de apenas 890 millones de pesos para la emisión de un Bono Cupón Cero que, multiplicado por cinco, hará una bolsa de cuatro mil 450 millones de pesos y se traducirá en créditos de hasta dos millones de pesos (20 millones para edificios). Los acreditados pagarán una tasa de interés de 9.0 por ciento anual durante 20 años.

El titular de la Secretaría de Finanzas capitalina, Edgar Amador Zamora, afirmó que “no es un apoyo o dádiva, pero este Bono Cupón Cero es un mecanismo único”. Informó que participarán la Sociedad Hipotecaria Financiera y Banobras, y que el mecanismo permitirá incrementar los recursos fiscales que se tienen para atender a un número mayor de damnificados.

El funcionario comparó las bondades de este mecanismo con el modelo que se utilizó para refinanciar la deuda externa mexicana en 1982.

Malas comparaciones del funcionario capitalino porque todos sabemos cuál fue el tremendo costo para toda la sociedad mexicana de la renegociación de la deuda externa del país, impuesta, bajo sus condiciones, por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

En lo que concordamos es en que no se trata de una “dádiva”. Las personas que perdieron sus hogares tienen derecho a la vivienda, así que no es correcto que el gobierno convierta la tragedia en un negocio.

El Bono Cupón Cero es una deuda que no se paga de inmediato, sino en un plazo de 20 años, según admite el funcionario multicitado.

Y ahí está la clave, pues una urgencia social se convierte así en un gran negocio para los tenedores de dichos Bonos, ya que recibirán tanto el capital como los intereses pagados y los devengados, una práctica que puede derivar en el anatocismo que hemos criticado desde la izquierda, pues es vil usura que ahora se quiere cargar a los damnificados de los sismos.

Por otra parte, es evidente que no todas las familias damnificadas están en condiciones de pagar un crédito de 15 mil pesos mensuales. Otra porción de los afectados rechazan el 'beneficio' porque habían pagado sus viviendas justo con créditos que ahora tendrían que volver a pagar.

Tendrán que pasar cinco jefes de Gobierno en la Ciudad de México para que la deuda que supone este esquema se termine de pagar. Es incomprensible tal irresponsabilidad cuando existe el Fondo de Aportaciones a Desastres Naturales (Fonaden), que podría canalizar recursos para la construcción de viviendas a cargo y con los esquemas de operación y recuperación del Instituto de Vivienda (Invi).

Preocupa, evidentemente, que el Gobierno de la Ciudad de México no decida utilizar los nueve mil 700 millones de pesos que existen en dicho fondo para desastres. Hasta ahora, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, ha dicho que sólo se utilizarán tres mil millones de esta bolsa total porque, en efecto, se estipula que ante desastres se puede ocupar “al menos” 30 por ciento, lo cual no quiere decir que no se puedan utilizar más. El desastre vivido por la ciudad lo demanda, y no sólo en relación con la vivienda, sino también con las pérdidas que afectan a miles de dueños de negocios medianos y pequeños.

La emergencia y los daños sufridos por muchos capitalinos no deben encontrar del otro lado la insensibilidad de un gobierno que se reclama progresista. El buen uso de los fondos fiscales con los que cuenta la ciudad es lo menos que se espera.

* La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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