Opinión

Piruetas y desplazamientos

Cómo entrenar a tu dragón 2 o la poética de las piruetas.
La literatura infantil creada por Cressida Cowell tiene como título entrañable Cómo entrenar a tu dragón. Su paso al cine de la mano del director Dean DeBlois fue afortunado por su imaginación desatada. Es una narración sobre el crecimiento, una bildugsroman moderna, en la que el buen Hipo (Jay Baruchel) aprende los valores de independencia, solidaridad y liderazgo en su relación con Chimuelo, un dragón especial. En la primera parte, de 2010, Hipo aprende que todo riesgo trae consecuencias: tanto él como Chimuelo pierden una extremidad. La lección moral, intensa para un filme infantil, apostó por el vértigo de la velocidad de los dragones.

Cuatro años después, la saga sigue. Ahora Hipo no está listo para dirigir a su pueblo. Eterno adolescente, madura en cuanto descubre el secreto de su orfandad materna. Pero la situación esencial se plantea a medio filme. Los dragones alfa: culminación de un proceso de enseñanza indirecto por el que Hipo aprende a ser jefe de su tribu. Así, Cómo entrenar a tu dragón 2 conserva su esencia y la refuerza con un estilo visual destacado. Un hipervisualismo que DeBlois consigue con un trazado perfecto de personajes, humanos o dragones. Pero esa perfección visual desvía de la enseñanza esencial de la serie novelística. La perfección visual del trazado lleva a una abundancia de peripecias a la larga inútiles. Sólo sirven para que los dragones vuelen por todo el filme haciendo incontable piruetas.

La poética de las piruetas transforma la esencia de la bildugsroman en simple aventura sobre el vértigo aéreo. A pesar de ello, la conceptualización del mundo de los dragones es lo suficientemente atractiva como para demostrar que el cine infantil posee habilidad y pertinencia para crear una imaginación pura que sorprende por su búsqueda de la novedad; incluso por su ingenuidad, en especial ésa que conforma su base ideológica. Un filme que se explica por su magnífica esencia literaria y su espléndida sustancia fílmica; que sacrifica la lección moral en aras del espectáculo de las piruetas.

Fortaleza prohibida o la poética del desplazamiento.
Insólito reboot del viejo filme Distrito 13 (2004, Pierre Morel), Fortaleza prohibida (2014, Camille Delamarre) traspasa al Detroit actual su entonces historia futurista, que sucedía en 2010 en un barrio parisino. Escrita de nuevo por el prolífico Luc Besson para su fábrica de churros y/o de filmes comerciales de acción trepidante Europa Corp., recicla asimismo al astro inventor del parkour, David Belle, haciendo el mismo papel ahora igual que hace diez años.

Así, esa disciplina del parkour, que implica desplazarse por la ciudad, defendiéndose y brincando con manos y pies, hace al filme una poética del desplazamiento donde la cámara del habilidoso Christophe Collette es testigo y cómplice: se mueve al ritmo de ese efecto especial humano que trepa paredes, salta hacia edificios abandonados, vuela por azoteas, se escabulle por diminutos plafones, brinca y esquiva tuberías, patea rivales con habilidad infinita; o sea, el filme crea una especie de panfleto anarco pop con personajes de doble y hasta triple moral.

Belle, en el reprise de su único rol fílmico -ahora con Paul Walker en su filme póstumo-, repite sus habilidades para el parkour y lo convierte en arma para desplazarse por el espacio físico. Asimismo por el cinematográfico. El filme crea una poética de la supervivencia, de la disciplina anticriminal, y de la razón amorosa (a diferencia del filme original donde era fraterna); antes Lino (Belle) salvó a su hermana Lola, hoy salva a su novia Lola (Catalina Denis). Antes era el futuro, ahora es el presente, donde la corrupción es infinita y los personajes cambian de bando de un minuto a otro.

El filme juega con el falso suspenso en un falaz pero emocionante relato policial donde lo visual se desplaza de lo esencial a lo superficial, de lo vistoso a lo político. El hipervisual parkour y la peripecia física son el último efecto posible y la única forma de entretenimiento.