Opinión

Pinheiro, Del Ponte y Kerry aumentan la presión sobre El Assad


 
Ante el estancamiento del conflicto en Siria, luego de 70,000 víctimas y de la creación de un nuevo caldo de cultivo extremista en Oriente Medio, los aliados despliegan una estrategia que combina el llamado a una salida negociada y la renuncia del presidente Bashar el Assad con la amenaza de enjuiciarlo por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional (CPI), igual que le ocurrió al desaparecido líder serbio, Slobodan Milosevic.
 
La pinza judicial de dicha estrategia quedó de manifiesto ayer con la recomendación a la CPI de Paulo Pinheiro, jefe del equipo de Naciones Unidas que investiga violaciones a los derechos en Siria, para que abra proceso a los dirigentes que ha identificado como sospechosos. Acompañado en Ginebra por Carla del Ponte, exfiscal en jefe de la CPI que precisamente partició en el juicio de Milosevic, quien murió de forma misteriosa en su celda del tribunal para la antigua Yugoslavia en La Haya en 2006, Pinheiro descartó revelar 'números, nombres o rangos', pero nadie duda que su reporte de 131 páginas incluye a El Assad.
 
De hecho, la tercera lista preparada por el experto brasileño será entregada a Navi Pillay, alta comisionada para Derechos Humanos de la ONU y exmagistrada de la CPI, quien el sábado, apunta Reuters, se pronunció por indagar al mandatario sirio y pidió una intervención externa para frenar las matanzas. El reporte carga las tintas sobre Damasco, aunque también acusa a los rebeldes de asesinatos, tortura, toma de rehenes y reclutamiento de menores de 15 años.
 
Cabe destacar que en un informe previo, emitido en enero, Pinheiro puntualizó que el conflicto en Siria pasó de una lucha por el cambio político a 'tensiones crecientes que han conducido a choques bajo divisiones sectarias' y denunció a los mercenarios financiados y armados por la CIA, Arabia Saudí y Qatar que 'operan con autonomía o están afiliados a grupos como El Nosra', cercano a El Kaida, tras subrayar que "no es posible una victoria militar. Es una gran ilusión creer que proporcionar armas a un bando u otro ayudará a terminar la guerra". ¿Se atreverá la muy sesgada CPI, que ignora las atrocidades estadounidenses, británicas e israelíes en Irak, Afganistán y Gaza a enjuiciar altos mandos de la internacional islamista?
 
Forma
 
De cualquier forma, las ofertas de diálogo, que la semana pasada reiteró el nuevo canciller norteamericano, John Kerry, en el marco de su primera gira a la región, marcan un cambio de enfoque para desencanto de los sectores más beligerantes y fanáticos en Doha y El Riad, que Moon of Alabama ya había resaltado en enero al comentar las declaraciones del canciller francés, Laurent Fabius, sobre la ausencia de 'señales positivas' en el dividido campo rebelde.
 
Indicó que "EU y sus aliados europeos darían la bienvenida a alguna clase de arreglo negociado, en tanto salven la cara con la renuncia de El Assad. Turquía, que enfrenta una creciente calamidad kurda y probablemente está harta de su aventura siria, aceptaría el acuerdo".
 
En Arabia Saudita, las discrepancias sobre la estrategia a seguir enfrentarían a los viejos rivales Turki el Faisal, exjefe del espionaje y embajador en Washington con Bandar ben Sultán, secretario general del Consejo de Seguridad Nacional y director de la Agencia de Inteligencia Saudí (también exrepresentante en EU), pues el primero exigió entregar a la insurgencia armas antitanque y antiaéreas, para 'nivelar el terreno de juego'.
 
Además, explica MoA, Qatar, que también ayuda a las milicias fundamentalistas en Mali, insiste en colocar en Damasco a la Hermandad Musulmana, que ya gobierna en Egipto (con pésimos resultados) y que atemoriza por su radicalismo a los sauditas, quienes estarían satisfechos con un régimen sunita conservador que desafíe a los chiítas de Irak e Irán, dirigido por un rey o un dictador. El Riad, añade, manipula a los yijadís en el exterior pero les teme en casa; una derrota de El Assad en estos momentos se traduciría en el fortalecimiento de los extremistas, que pueden amenazar las fronteras de Jordania y Arabia Saudí.