Opinión

PIB y productividad, cómo vamos

 
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productividad

Durante 2015 dos aspectos vinculados con la evolución del Producto Interno Bruto han estado presentes en la discusión económica y las perspectivas correspondientes. El primero, y sin duda el de mayor relevancia, es el bajo e insuficiente crecimiento (2.5 por ciento en los primeros nueve meses) que en alguna medida se explica por la contracción del valor de la producción petrolera derivada de la caída de los precios internacionales y del volumen de producción de Pemex.

Por sí solo, ese fenómeno explica una “pérdida” equivalente a 0.6 puntos porcentuales de crecimiento en ese periodo; según estimaciones, la expansión del PIB hubiera sido de 3.1 por ciento en enero-septiembre de este año, de haberse mantenido los niveles de precios y producción de petróleo del año pasado. Nada espectacular, pero que habría situado al crecimiento en su nivel histórico potencial.

El segundo aspecto ha sido la diferencia entre el crecimiento del PIB
-esto es la oferta interna de bienes y servicios- en el primer semestre del año (2.4 por ciento) y el de la demanda, sobre todo del consumo privado (aumentó 3.1 por ciento en ese lapso) y de la inversión (5.4 por ciento). En ese sentido, mucho se ha escrito y discutido acerca de que el aumento de la producción no “cuadra” con la evolución de las ventas (automotrices, de autoservicios), con la generación de empleos formales, la confianza del consumidor (que no la empresarial), el aumento del crédito bancario o con las ventas de maquinaria y equipo.

Dos factores estadísticos y metodológicos inciden en esa aparente contradicción: la variación de existencias (inventarios) y la denominada “discrepancia estadística”, que ha sido la más elevada para un primer semestre desde 2001 y equivalente a 2.5 puntos porcentuales de la oferta total. De acuerdo con la información del Inegi, esa brecha tiende a cerrarse conforme avanza el año; mañana que se dé a conocer la evolución de los componentes de la demanda agregada en el tercer trimestre veremos si es el caso, o bien, si continúan las presiones para que ese instituto revise su metodología para medir el PIB.

También vinculado con el crecimiento de la economía, esta semana el Inegi publicó los índices de productividad laboral a septiembre de 2015. En general, malas noticias: en el tercer trimestre disminuyó 0.4 por ciento, lo que acentuó la contracción en 2015; por grupos de actividades, en las primarias y las terciarias la productividad aumentó 5.7 por ciento y 0.2 por ciento en ese periodo, respectivamente, como consecuencia de incrementos más que proporcionales del valor de la producción o los ingresos generados con respecto a las horas-hombre trabajadas; en contraste, en las actividades secundarias (industriales) disminuyó 3.7 por ciento.

De los sectores que reporta el Inegi, la productividad laboral se incrementó en la construcción, el comercio y los servicios no financieros.

En el primer caso, lamentablemente la mayor productividad fue resultado de una contracción más severa en las horas trabajadas que en la producción que también disminuyó, mientras que en los otros dos sectores ambas variables registraron un comportamiento al alza. El caso de las manufacturas es preocupante ya que la productividad registra una tendencia consistente a la baja desde principios de 2014.

Los resultados anteriores ponen de manifiesto que, cuando menos en el ámbito de la mano de obra, ni los programas para aumentar la productividad, ni el tan cacareado Comité Nacional de Productividad, ni la “Ley para Impulsar el Incremento Sostenido de la Productividad y la Competitividad de la Economía Nacional”, promulgada en marzo de 2015, han servido para mucho. Es evidente que se requiere mucho más para incrementarlas y crecer de manera sostenida: certidumbre, Estado de derecho, combate a la corrupción, eficacia del gasto público y un largo etcétera. Aún con las reformas estructurales, mientras no se corrijan esos aspectos, más de corte político que económico, no habrá manera de despegar. En la inauguración del segundo tramo de la presente administración no parece haber la voluntad para hacerlo.

Twitter: @ruizfunes

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