Opinión

Peso: mínimo histórico, máximo histérico

 
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ME. El futuro inmediato para el peso.

La histeria en torno al peso muestra que la psique de los mexicanos sigue inexorablemente atada al tipo de cambio. Un peso depreciado es para millones sinónimo de una economía devaluada y, faltaba más, un Presidente igualmente desvalorizado. El pánico de José López Portillo de “Presidente que devalúa, se devalúa” mantiene vigencia. Esto aunque el titular del Ejecutivo no toma decisiones al respecto, puesto que la paridad ya no es administrada por el gobierno desde hace casi 22 años. El Banco de México, autónomo, maneja las tasas de interés. La Secretaría de Hacienda y el banco central, si acaso, pueden tratar de influir algo en ese precio mediante una fuerte venta de reservas internacionales. Pero, entre los muchos factores de la enorme impopularidad de Peña Nieto (algunos con sólido fundamento) el tipo de cambio definitivamente no le toca.

Ya no hay Tlatoani que tenga entre sus poderes míticos el manejar la moneda. Pero los mexicanos se obstinan en encontrar ídolos a los cuáles elevar súplicas.

Los diputados de Acción Nacional tuvieron la ocurrencia de solicitar a Agustín Carstens decisiones para evitar mayor debilidad cambiaria. Al parecer ignoran que, ciertamente, el Gobernador del Banxico puede subir con fuerza las tasas de interés (lo que seguramente apreciaría al peso), pero que ello traería un costo significativo en materia de crecimiento económico, pues golpearía al consumo y la inversión, y de paso la cartera crediticia de la banca. Pero aparentemente lo prioritario para los legisladores es el poder adquisitivo que tenga la moneda nacional cuando algunos privilegiados van de compras a Houston o París.

Ayer el tipo de cambio interbancario tuvo una recuperación significativa (casi 25 centavos). Imposible saber si es el inicio de un fuerte rebote, un respiro temporal, o una recuperación momentánea antes que inicie un nuevo declive. Los bajos precios del petróleo, el visceral odio de Donald Trump por México, el nivel del déficit público, el desequilibrio de la cuenta corriente, que si la Reserva Federal sube o no sube las tasas de interés, que si el Banco de México hace lo mismo, la enorme liquidez del peso mexicano en los mercados y su uso como cobertura de riesgo para economías emergentes, o que si los analistas de Standard & Poor’s cambian la perspectiva sobre los bonos gubernamentales.

Motivos abundan para tratar de explicar lo que se puede resumir en dos palabras: profunda incertidumbre.

Cuando el pánico es norma, es inútil esperar racionalidad por parte de aquellos que participan en los mercados. No hay duda: el peso se encuentra enormemente subvaluado. Es prácticamente un hecho que un día tendrá que haber un fuerte rebote. Pero ello puede seguir hoy o tardar muy largo tiempo en materializarse.

Hay sólo un camino para el Banco de México y el Gobierno Federal: reducir los elementos internos que causan incertidumbre y cruzar los dedos que Hillary Clinton triunfe el 8 de noviembre. Esto es, cabeza fría en medio de los mínimos históricos y máximos histéricos.

Twitter:@econokafka

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