Opinión

Persona non grata

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, declaró en las últimas horas a tres funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Caracas “persona non grata”, iniciando así el proceso de expulsión formal de los diplomáticos. Según el Ministerio del Poder Popular de Relaciones Exteriores, están acusados de “conspiración” en contra del gobierno, al apoyar, coadyuvar o incluso organizar algunas de las manifestaciones en contra del régimen.

En las últimas dos semanas, multitudinarias protestas callejeras han recorrido diferentes ciudades en Venezuela. La oposición ha convocado a las calles a miles de inconformes, seguidos del primer llamado realizado por estudiantes, quienes exigen la liberación de compañeros presos.

La situación en Venezuela es de gradual descomposición de las instituciones del Estado. Elevados índices de inseguridad, escuadrones armados por el propio gobierno se mezclan entre civiles para actuar como “vigilantes de la revolución bolivariana”, una réplica, entre tantas otras, de los comités de defensa de la revolución cubana. La debacle económica, escasez de alimentos, interrupción de servicios –constantes apagones en ciudades y centros de trabajo desde hace por lo menos 16 meses–, suspensión de programas sociales, han movilizado por decenas de miles a los ciudadanos a las calles.

Mientras que Henrique Capriles, líder de la oposición en los últimos años, ha optado por una línea de diálogo y negociación con el gobierno, en busca de condiciones mínimas de seguridad y de protección a la población, nuevas figuras reclaman ahora el protagonismo.

Leopoldo López –exalcalde de Chacao– y la diputada María Corina Machado han encabezado algunas de las marchas más concurridas de la última semana. Tres muertes y más de 30 heridos representan el saldo hasta ahora, cuando manifestaciones que se habían definido como pacíficas sufrieron el ataque de motociclistas armados. Leopoldo López fue acusado de incitar a la violencia y se emitió una orden de arresto en su contra que hasta el momento de escribir estas líneas, no se ha completado. Hace unas pocas horas, el exalcalde emitió un video en Internet en el que convoca a una nueva marcha para defender a “esta Venezuela destrozada por el gobierno”.

La oposición crece, se diversifica y se diferencia, porque surgen nuevos grupos de protesta en diferentes estados del interior. Para Capriles, la vía de cambio estaba centrada en lo electoral, sin embargo, ahora entre estos nuevos brazos críticos al gobierno se habla de “terminar el gobierno de Maduro”.

Ante el desastre, Maduro no tiene más remedio –al más puro estilo cubano– de acusar a Estados Unidos de ser el causante. Expulsa a los diplomáticos señalados como conspiradores, mientras que el Departamento de Estado en Washington lo rechaza y desmiente tajantemente.

Se acaba el tiempo y el espacio de maniobra para Maduro. La economía en el suelo –inflación de 56 por ciento en el último trimestre–, los supermercados con carencias recurrentes, muertos en las calles, y su incapacidad de enfrentar la situación. Tal vez debiera aceptar con claridad que la principal persona non grata es él mismo y su gobierno populista y autoritario. ¿Cuántos muertos más tendrán que caer en las calles de Caracas y otras ciudades para que el gobierno asuma su incapacidad y busque una salida pacífica al conflicto?

No hay acuerdo entre Capriles, López y Corina, pero seguramente serán capaces de construirlo en los siguientes días para encontrar una vía única de oposición. La principal dificultad es la participación en marchas y protestas: Henrique Capriles asegura que es un riesgo innecesario para la gente. López piensa que es el único camino para descarrilar al gobierno.

Se ve improbable que el gobierno del presidente Barack Obama asuma un rol más activo en el conflicto, sería caer en las redes y engaños de Maduro para escalar la confrontación y acusar a Washington de orquestador.

Graves lecciones en el mundo han dejado regímenes y gobiernos en los últimos años. Mubarak en Egipto, o Kadafi en Libia, o el resistente El Assad en Siria le dejan algunos ejemplos al señor Maduro.