Opinión

Pero qué necesidad

 
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Anaya

Mientras lo que queda del PRD aprueba alianzas para constituir el Frente Amplio Democrático, el PAN enfrenta una de sus mayores crisis; y a unas semanas de que definan a su candidato o candidata presidencial, se enfrascan en una lucha fratricida en donde al final del día no habrá ganadores, sólo quedarán resentidos y una pésima percepción entre los votantes, particularmente entre aquellos que no tienen simpatía por ningún candidato o partido.

Pero qué necesidad, diría El Divo de Juárez, de poner en riesgo la gran posibilidad que tiene el PAN de regresar a ocupar la casa presidencial, cuando tienen la mesa puesta para recobrar la presidencia de la República. Qué tiempos aquellos cuando se relamían los bigotes después de los comicios del año pasado, en donde ganaron siete gubernaturas (tres en alianza con el PRD) y se convirtieron en muchos estados en el partido político con más gobernados; sin embargo, el alter ego y la ambición de un bisoño dirigente frustró esa inercia ganadora.

Ahora, ante la solicitud de Margarita Zavala de que renuncie Anaya, y la inminente expulsión de senadores panistas cuyo delito es no plegarse a los designios del líder nacional del PAN, sólo queda un camino, si no prevalece la cordura, la derrota en 2018.

La urgencia, que es la enemiga de lo perfecto, corre en contra de los azules. Con el tiempo encima, ante la inminencia de las elecciones del próximo año, se siguen peleando y en lugar de frenar sus reyertas internas las profundizan, y como se ven las cosas no se observa que estas vayan a terminar.

Si Acción Nacional quiere recomponer el camino deben de inmediato terminar con las hostilidades y emprender el camino de la reconciliación. Para que ello ocurra, se requiere que Ricardo Anaya decline en su deseo de buscar la candidatura de su partido y permita que quien encabeza las encuestas y tiene una trayectoria limpia y honesta, léase Margarita Zavala, asuma ese rol de inmediato.

Anaya debe entender la enorme responsabilidad que tiene al frente del PAN y el propio país, y que está en una encrucijada que, de no tomar las decisiones correctas, permitirá que Andrés Manuel López Obrador sea el próximo presidente del país.

Con la reyerta panista, los vaticinios colocan al PRI y a Morena como los únicos contendientes, descartando a la alianza del PAN y del PRD, que no les alcanza para convertir la elección en tercios, ya que en política dos más dos no suman cuatro y en este caso es imposible que todos los simpatizantes de ambos partidos se sumen al proyecto; por el contrario, buscarán otra opción o de plano se abstendrán de participar.

Qué diría Manuel Gómez Morín o Maquío al ver tal obstinación por el poder, de ver cómo los militantes se dividen por pugnas generadas por intereses obtusos y personales, dejando en segundo plano el interés de los ciudadanos y del país.

En enero de 1939, decía el fundador del PAN: “Buscamos la convivencia del hombre integral; una postulación de la moral y el derecho, como fuente y cauce de la acción política… para gestionar el bien común...”.

Debería Anaya tener una visión con altura de miras; su juventud puede convertirse en su virtud. Si deja que el proceso interno fluya sin su participación, seguramente el futuro será halagüeño y prometedor para él; si no lo hace, se lamentará de perder la elección presidencial y con ello no sólo cargará el PAN con una derrota estrepitosa, terminará su carrera política que se vislumbraba como prometedora. 

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