Opinión

Periscope y la denuncia

 
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Periscope

Se equivocó Xóchitl Gálvez al hacer uso del Periscope en la fiesta privada de Diego Fernández de Cevallos. Y lo hizo porque le ganó un primitivo espíritu de reportero al pretender documentar y consignar la presencia de políticos tan diversos, tan distantes y al mismo tiempo, cercanos.

La delegada que enfrenta una cruzada legislativa (en la Asamblea capitalina) por el uso del instrumento social de transmisión en vivo, violó la privacidad de las personas en un acto plenamente privado. No consultó, no pidió permiso, sólo 'guaseó' con el tema sin dolo ni mala voluntad.

Pero en el contexto que vivimos, donde un grupo de asambleístas pretenden 'regular' o normar el uso de una herramienta poderosa para la denuncia pública, para consignar infractores diarios, el error es doblemente grave porque les da elementos para sustentar su muy primitiva argumentación.

¿Se violan los derechos humanos de un ciudadano por grabarlo, consignarlo, registrarlo y también exhibirlo al momento de cometer una infracción? ¿Se atropellan sus derechos, se violenta su identidad, se invade su privacía? ¿Se daña su reputación y prestigio?

Me parece que este es un debate que apasiona a los abogados porque deben abordar qué derecho es primero, cuál es mayor y se impone a los demás.

Un infractor que tira basura en donde no se debe, choca al automovilista de junto, agrede a un vecino, amenaza a un ciudadano, ¿no es él mismo el primer violador de un derecho? Y aquí evidentemente aparecerán los defensores de los derechos por encima de los delitos. Si son infractores o delincuentes, que enfrenten su pena y su castigo, pero que no se violen sus derechos humanos, que no se les torture, se les cancele su libertad, se les señale como malos ciudadanos. Y a esa lista se suma la consignación pública a través de Periscope.

Me parece lamentable. Los señores asambleístas, con reputaciones impecables –por cierto, no olvidemos de dónde vienen– serán los primeros enemigos de esta herramienta como uso de denuncia pública.

Cuando un ciudadano consigna una construcción ilegal, un permiso fuera de norma, una violación ya no de infractores ciudadanos, sino de la propia autoridad, todos quedan exhibidos.

Periscope es un instrumento valioso que se utiliza ya en otras ciudades del mundo, para construir ciudadanía, para evitar los excesos y abusos de quienes se sienten poderosos e inalcanzables por la ley.

El célebre “Lord me la pelas” resultó en efecto, intocable. No hay registro de sanción o castigo a sus excesos y los golpes que el funcionario recibió de manos de sus escoltas.

El más reciente caso del Ferrari y el señor Alberto Sentíes es otra demostración de que sin el instrumento esas faltas, abusos y excesos pasarían a sumar la enorme lista de agravios de los que miles de ciudadanos son víctimas todos los días. Imagina usted que el funcionario delegacional o el vecino cualquiera tuviera que decirle al guarura: “perdone usted, ¿me permite grabarlo y transmitirlo cuando golpea usted al automovilista?”; o “usted, ilustre ciudadano que se estaciona sobre la banqueta, tira la basura, vende droga, extorsiona a la unidad habitacional, ¿me permite que lo suba a Persicope para que todo el mundo sea testigo de sus delitos?”. Es absurdo.

La utilidad de la herramienta radica en la transmisión in fraganti, como aquél inolvidable programa de televisión de Óscar Cadena hace un par de décadas. Nadie entonces hablaba de violación alguna a los derechos del infractor. Buena parte del castigo consiste en el escarnio público, en la inhibición de estas conductas por temor justificado a ser registrados en una transmisión en línea.

Es claro que el aparato jurídico tardará años en procesar la información.

¿Cuánto tiempo será necesario para que los escoltas de Sentíes sean presentados ante un agente del Ministerio Público? ¿Será el propio Sentíes cómplice de su desaparición? Les dijo “pélense ahorita que se puede, yo los mando a llamar después”. ¿Quién va a investigar? ¿Quién va a dedicar recursos, tiempo, agentes, para buscar a estos, o a los de “Lord me la Pelas”? Nadie.

Si la Asamblea Legislativa, guiada por un desvirtuado concepto de protección a la identidad y la reputación de las personas, incluso aunque cometan una falta, se equivoca. Ojalá y se lastime su fama pública y su prestigio, si son registrados en el ejercicio del abuso, del exceso y de la prepotencia.

Twitter: @LKourchenko

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