Opinión

Perdón y justicia

 
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Corrupción. (Shutterstock)

El primer volumen del informe, de casi 500 páginas, inicia con la siguiente frase: “Todos los sudafricanos saben que nuestra historia reciente está manchada por muchos sucesos horrendos… Nuestro país está empapado en la sangre de sus hijos de todas las razas y todas las filiaciones políticas”.

El autor fue el reverendo Desmond Tutu, Nobel de la Paz y líder de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación que Nelson Mandela creó en 1995, después de que terminara el régimen del apartheid.

El objetivo de esta comisión era lograr justicia a través del perdón y de corregir los actos de barbarie que habían marcado a ese país. Su manera de resolver un tema tan delicado no fue popular e incluso provocó violentas protestas en las calles. No era para menos, las víctimas no querían olvidar los agravios, mientras algunos de los culpables buscaban amnistía a cambio de confesar sus crímenes y los de otros.

De acuerdo con Tutu, una observadora internacional manifestó que la comisión fallaría, “aunque ha superado todas las expectativas”, nada más porque había logrado nacer; mientras durante una audiencia una madre pidió en llanto “al menos un hueso de mi hijo para poderlo enterrar”.

Tres años después, en 1998, la comisión entregó sus conclusiones, que permitieron sanar a una nación que se ha vuelto ejemplo de reconstrucción social. En el camino, Mandela y Tutu se convirtieron en símbolos mundiales de libertad y justicia.

Hasta el momento, existen dos rutas para obtener retribución: perdonar sin olvidar, como hizo Sudáfrica, o buscar sólo justicia y castigo sin que importe el tiempo que tome, como ocurre con la comisión que procesa en Argentina a los diferentes culpables de crímenes durante la dictadura.

El año pasado terminó como el peor en materia de seguridad y todavía no llegamos a la mitad de enero, cuando los homicidios en contra de exalcaldes y aspirantes políticos estatales –sumados a otros delitos– presagian un 2018 igual de malo.

Por el bien de todos, es importante exigir a los candidatos a la Presidencia que no descarten, ni trivialicen, ninguna de las posibilidades que podrían reducir los índices de violencia en el país. No se trata solamente de una promesa electoral, se trata de construir las condiciones sociales que frenen el deterioro provocado por el crimen y sus principales aliados: la corrupción, la indiferencia y la impunidad.

El debate serio e informado entre todos como sociedad es urgente.

Twitter: @LuisWertman

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