Opinión

Peras de Ochoa

  
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Enrique Ochoa Razo

1. Nadie puede saltar por encima de su cabeza. Y Ochoa no será el primero. Llegó por la gracia del Presidente y será leal a su mandato. Sugerirle que cuestione al gobierno es pedirle peras al olmo.

2. Con la renuncia de Manlio se cerró un ciclo. Beltrones creció durante 12 años de alternancia, particularmente bajo Calderón. En ese lapso el PRI anduvo huérfano. Operó como un partido independiente.

3. Pero la orfandad terminó con la victoria de EPN. El Presidente tomó el control del partido. Por lo demás, esa es, más o menos, la condición de los partidos en el poder; particularmente en los sistemas presidencialistas. Basta voltear al resto del mundo o revisar los 12 años de alternancia: el PAN no se convirtió en el gran fiscalizador de los gobiernos blanquiazules.

4. Por eso, lo que sigue constituyendo un misterio es la llegada de Manlio a la presidencia del PRI el año pasado. Poco tiempo antes, EPN había trazado el perfil del nuevo dirigente. Parecía un retrato de Aurelio Nuño.

5. El hecho es que Beltrones llegó como una especie de procónsul, para asegurar una victoria arrolladora en 2016 y enfilar al PRI a conservar Los Pinos.

6. Pero sorpresas dan los electores. La derrota del 5 de junio es uno de los tres grandes fracasos del PRI. Los otros dos ocurrieron en 1997 y 2000. Sin embargo, durante los 12 años de alternancia los priistas conservaron la mayoría de las gubernaturas. Allí se atrincheraron. No fue casual que EPN proviniera de una de ellas. Ahora, por primera vez, la mayoría de las entidades son gobernadas por las oposiciones.

7. Ochoa se ha plantado como soldado del Presidente por partida doble: primero, al señalar que las políticas del gobierno no han sido difundidas ni defendidas; y segundo, al afirmar que EPN, pese a su baja popularidad, no es un lastre, sino el principal activo del PRI.

8. Considerar que el “mal humor” es un problema de percepción es un error. El malestar tiene razones fundadas: corrupción, violencia, inseguridad, “reforma fiscal”, devaluación, por mencionar algunas.

9. El gobierno ya se equivocó una vez con una estrategia semejante. La violencia y la inseguridad fueron diagnosticadas como un problema de percepción. Y se creyó que modulando los medios de comunicación la percepción cambiaría y el problema se resolvería. Craso error.

10. Ochoa se sacó la rifa del tigre, pero él mismo está creando expectativas que no podrá cumplir. Llamar a los priistas a vigilar a los gobiernos equivale a pedir que los patos le tiren a las escopetas.

11. La credibilidad de un programa renovador pasa por la claridad y consistencia de las palabras. No basta la elocuencia. Octavio Paz lo escribió hace mucho: la descomposición empieza por la corrupción del lenguaje.

12. El escenario se complica aún más por la coyuntura. La contienda por la presidencia de la República está en marcha no sólo fuera del gobierno, sino dentro también. Las elecciones en el Estado de México serán cruciales para la correlación de fuerzas en 2018 y para los aspirantes priistas a la candidatura.

13. El tiempo que tiene por delante EPN está acotado. No son dos años y medio; es uno y meses, si la designación virtual del candidato se efectúa en octubre o noviembre del próximo año.

14. Y eso dependerá, en buena medida, de la presión que ejercerán los otros candidatos sobre la presidencia de la República. López Obrador no sólo lleva años en campaña, sino se fortalece cada vez más y obtiene jugosos dividendos de su carrera en solitario.

15. El proyecto renovador de Ochoa tiene, en realidad, como misión principal ganar el Estado de México, operar la designación del candidato a la presidencia, salir bien librado de la suerte y mantenerse al frente del PRI en 2018.

16. Adicionalmente, en el interior del gobierno hay fuertes tensiones. Osorio Chong se perfila ya como el aspirante que encabeza las encuestas. Pero Luis Videgaray, pese a que no pinta en los sondeos de opinión, está en el ánimo de EPN, que será quien decida.

17. Finalmente, como se ha repetido a diestra y siniestra, la designación de Ochoa porta un mensaje claro; no hay encriptamiento alguno: el Presidente ha manifestado sus preferencias por el secretario de Hacienda.

18. Así que va de nuevo: no hay que pedirle peras a Ochoa.



Twitter: @sanchezsusarrey

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