Opinión

Pequeña estafa

 
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Feria del Libro de Buenos Aires. (http://www.el-libro.org.ar/)

Gil acometió la mañana bonaerense con un optimismo extraño, casi sospechoso. En la recepción del modesto hotel que lo alberga (no empiecen) preguntó por un puesto de periódicos: “Liastá. Usted sale, camina tres a la izquierda y dos a la derecha. Déle”. Gamés llegó sin contratiempos a la esquina de Santa Fe y Oro. Pidió La Nación y Clarín. ¿Cuánto le debo? “Y son cien pesos”. Caracho, pensó Gilga, qué caros son aquí los periódicos, será porque viven muy al sur del continente. El peso argentino está a uno por dos mexicanos, o sea que Gamés pagó doscientos pesos por su periódico La Nación y su periódico Clarín. Eso sí, se lleva usted un kilo doscientos gramos de papel impreso. Se sienta usted a las doce del día a leerlos y termina a las nueve de la noche. Así se puede perder el día completo leyendo noticias del terremoto de Nepal y no hacer nada más.

Muchas cuadras después, con más calma, sentado en un café de la calle Kennedy frente al bosque de Palermo, pulmón de la ciudad, Gilga vio con estupor que un periódico cuesta 25 y otros 27 pesos argentinos. Gil se sintió triste por el robo. Tranquilamente, el voceador lo despojó de 48 bolas. Al final de todo episodio optimista hay una estafa.

Letras

En su carácter de incógnito, Gamés entró a la Feria del Libro. Una feria potente como un cañón de la quinta infantería y a la cual la han despojado de la riqueza foránea; Kirchner prohibió la importación de libros. Al populismo le encanta prohibir, goza prohibiendo. Gamés se acercó con la discreción de un gato cortazariano al estand de México.

Un extenso salón enmarcado por un rectángulo de vitrinas donde se exhiben libros de autores mexicanos. Gil vio sin ser visto: Vicente Quirarte charlaba con José María Espinasa, Guadalupe Loaeza estaba a punto de iniciar su charla (vean por favor la elegancia y corrección de Gamés), Gil vio a Víctor Manuel Mendiola, a Christopher Domínguez, a Rafael Pérez Gay.

Al estand lo proveyeron (gran conjugación) de una barra donde se vende tequila y cerveza y se regalan totopos. Los porteños entran y salen del territorio mexicano con sus buenos totopos y uno o dos tequilas dentro de ellos. Gilga recordó las últimas palabras del general Obregón antes de que Toral lo dejara como coladera: quiero más totopos. Y adiós para siempre. Suena raro que dos poetas extraigan de su ronco pecho sus creaciones ante un público que nunca ha oído hablar de ellos. Sí, el lenguaje poético es universal, pero es un poco demasiado pedirle atención a un público que quiere totopos y tequila.

Elecciones

Buenos Aires vivó una jornada electoral. Unas primarias para elegir a los candidatos que contenderán por el gobierno de la capital Argentina. Siempre de incógnito, en un restorán de Palermo, Gil pidió una copa de vino, el vino no es lo de Gilga, pero y bueno. El mesero le explicó que debido a las elecciones no podía servirse alcohol en el establecimiento. Helas! “Déjeme ver y lo arreglamos”.

Minutos después, el mesero trajo una copa de vino y Gil se sintió como en casa, feliz de transgredir una pequeña ley absurda. ¿Por qué no podría alguien tomar una copa el día de la elección? En fon. Ya que estamos en éstas, le dijo Gamés, ¿me trae un whisky? Y claro, le respondió el mesero. Conseguir Glenfiddich en Buenos Aires no es tarea fácil, hay que conformarse con un blend, digamos el Chivas.

Repasando en su tableta su periódico Reforma, Gamés leyó que de acuerdo con un estudio pagado por el Instituto Nacional Electoral, la mitad de los mexicanos considera que las elecciones no han sido confiables. “La mitad de la ciudadanía, 50 por ciento, no siente que hayan sido confiables nuestros procesos electorales y la otra mitad se reparte entre los que consideran que sí lo han sido (27 por ciento) y los que piensan que son parcialmente confiables (23 por ciento)”, apunta el estudio de Covarrubias y Asociados.

Gamés no comprende el sentido de esta encuesta pagada por el INE. Más bien le parece como darse un balazo en un pie. ¿Cuál puede ser el sentido de esta encuesta: ¿buscar una verdad? ¿Revelar una condición nacional? Amigos del INE: están viendo y no ven. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y preguntó a su alma: ¿Covarrubias, Covarrubias? Recuérdenle a Gamés a quién le ha llevado sus encuestas esta casa, desde luego a Liópez no, ¿cierto?

Gilga ha fatigado (gran verbo utilizado en su cuna lingüística) Palermo, le toca Recoleta.

La máxima de Edmund Wilson espetó en el ático bonaerense de las frases célebres: “No hay dos personas que lean el mismo libro”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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