Opinión

Pepe, el cuetero

   
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Cumple. José Antonio Meade, titular de Hacienda, entrega al presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Bolaños, el Proyecto de Presupuesto de Egresos 2017. (especial)

El Presupuesto que envió el Ejecutivo al Congreso es el más contraccionista en muchos años. Sin duda, desde 1990 no había una propuesta tan dura, y posiblemente nunca antes, pero eso no lo puedo asegurar, porque las cifras no son fáciles de comparar. Entre 1982 y 1984, por ejemplo, hubo una caída en el Presupuesto de cinco puntos del PIB, en la que fue la peor crisis económica de la historia moderna de México. Ahora, la caída sería de 3.0 por ciento de 2015 a 2017, o de 3.6 por ciento si nada más vemos el gasto programable.

Si esta propuesta se aprobase, estaríamos regresando al gasto del gobierno de 2008, en proporción del PIB. Usted debe recordar que para aminorar la crisis de 2009 el gobierno incrementó su gasto con la promesa de regresarlo pronto. Bueno, pues no lo regresaron nunca. En 2008 el gasto programable representaba 18 por ciento del PIB, y subió a poco más de 20 por ciento en 2009. Ahí se mantuvo los siguientes años, en un rango de 19.7 por ciento (2010) a 21.1 por ciento (2014). En ese lapso, la economía tuvo un crecimiento interesante los primeros años, luego vino la contracción de la industria de la construcción, y luego el hundimiento de la petrolera. A pesar de todo eso, la economía ha logrado crecer 2.1 por ciento anual, incluyendo 2009, año de la crisis.

Para lograr esta reducción del gasto, el gobierno federal no tiene muchas opciones. El gasto no programable se estima que crecerá, aunque sea un poco, de forma que todo el ajuste debe ser en gasto programable. Al interior de éste, aunque se reduce el gasto corriente en 112 mil millones, el pago de pensiones crece en 88 mil, de forma que hay que hundir el gasto de capital en más de 200 mil millones.

Visto por unidad de gasto, aunque en Pemex hay una contracción de 102 mil millones, las otras paraestatales crecen en 31 mil millones, de forma que el neto en las empresas públicas es de apenas 79 mil millones. Pero los ramos generales (es decir, pensiones, entidades federativas, etcétera) crecen, de forma que casi todo el ajuste se debe hacer en el gobierno federal: 195 mil millones de pesos.

Para poderlo hacer, todas las secretarías deben apretarse. En términos absolutos, quienes más pierden son la SEP, con casi 32 mil millones; SCT, 31; Sagarpa, casi 26; Semarnat, casi 22; Salud, 15; Gobernación, 12; Sedatu, 11; Conacyt, 8.0. Pero visto en términos relativos, el golpe más duro ocurre en eso que antes se llamaba 'fomento': Sedatu pierde casi 40 por ciento de su presupuesto; Semarnat 38 por ciento; Economía, lo mismo; Turismo, 35 por ciento. Cultura pierde 31 por ciento, Sagarpa, 29 por ciento, Comunicaciones casi igual.

Esto significa que tendremos multitud de quejosos: empresarios que pedirán que Economía no elimine o reduzca programas de apoyo, otros que defenderán la promoción que hace Turismo, campesinos exigiendo que los programas de Sagarpa continúen, lo mismo que de Sedatu. Intelectuales y académicos reclamando la contracción en Cultura y Conacyt, además de la SEP. Del otro lado, Standard and Poor’s ya ha dicho que ni este recorte cambia su opinión negativa sobre México. Ya decíamos la semana pasada que no nos miden con la misma vara que a otros, también han de tener mal humor.

Esto del Presupuesto es suma cero. Ganan unos lo que pierden otros. Si queremos más gasto, pues habrá que pagar más impuestos. Si no queremos, pues a reducir egresos. Y como la cobija no alcanza para todos, se resolverá a jalones, si no es que a golpes. Es, literalmente, el Presupuesto del cuetero. Mucho éxito a Pepe Meade.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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