Opinión

Pensar en el 18

 
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Miguel Ángel Osorio Chong encabezó la Octava Asamblea Plenaria de la Conferencia Permanente de Congresos Locales. (Cortesía)

Una vez concluidas las elecciones del próximo domingo, el mapa de la carrera hacia 2018 quedará delineado de manera tal que no todos los contendientes estarán saliendo en igualdad de posiciones y condiciones.

Para el PRI, la prueba de fuego está en el número de gubernaturas ganadas y en cuáles de ellas se apuntala a uno u otro bloque del priismo y del gabinete. Es clara la competencia entre el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el bloque encabezado por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y en donde la figura del presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, juega un papel primordial en favor de este último.

La pérdida de un estado como Veracruz sería atribuible no sólo a la herencia negativa de Duarte, sino a una estrategia equivocada por parte de Manlio al intentar elevar la votación de Morena para disminuir la fuerza del PRD, lo que le sería cobrado al grupo en su conjunto. Un PRI con imagen perdedora, a pesar de que logre triunfar en la mayoría de las contiendas, dañaría a uno u otro de los bloques en el entendido de que a la hora de ajustar cuentas, ambas partes tratarán de culparse mutuamente de los espacios perdidos y los errores de estrategia en las campañas.

Para Acción Nacional, el triunfo de Tony Gali pondría a Rafael Moreno Valle algunos metros delante de Margarita Zavala en la disputa por la representación blanquiazul hacia la silla grande. Zavala, más popular que Moreno Valle, tendría que enfrentar los resultados concretos de un gobernador que operó con éxito la sucesión en su estado, lo que no siempre ha sucedido dentro de las filas panistas.

La figura del actual gobernador poblano se percibe dentro de Acción Nacional como la de un político más cercano a las estructuras de poder priistas, de las que sectores del partido pretenden diferenciarse a través de la candidatura de Margarita, mientras otros consideran que es precisamente ese reconocimiento del PRI a las cualidades del poblano, lo que en un momento de crisis institucional podría convertirlo en un candidato viable para la unidad entre tricolores y blanquiazules.

Pero donde la guerra fratricida amenaza con llegar al máximo es en la izquierda como producto del crecimiento de Morena tras las fracturas dentro del PRD, de los acuerdos entre AMLO y el PRI en Veracruz y del activismo de Ricardo Monreal en Zacatecas en apoyo de su hermano David y con el respaldo de José Murat. Este vuelco que sitúa al partido de López Obrador ya por encima del PRD en las encuestas, obliga al liderazgo del sol azteca a proyectar desde ahora a un candidato que compita y se enfrente a AMLO de aquí y hasta 2018.

La figura de Mancera aparece como natural para ello, pero su posición debilitada por los últimos resultados electorales y por el tema de la contaminación, no le permiten iniciar en este momento el combate contra López y Monreal, quienes le llevan una enorme ventaja tanto por el desmoronamiento del aparato electoral perredista en la capital, como por el hecho de que todo el desgaste político recae hoy directamente en el jefe de Gobierno. Hoy la prioridad para las izquierdas es eliminarse mutuamente y no acceder al poder o intentar una alianza pragmática en determinadas condiciones. La guerra tribal ha llegado al máximo.

A partir del próximo lunes arranca la sucesión presidencial y cada vez será más difícil llegar a acuerdos que puedan beneficiar a determinado candidato. Dentro del gabinete de Peña comienza el periodo más difícil para el presidente en la medida en que tiene que seguir gobernando y resolviendo problemas con sus principales figuras, mismas que están dispuestas a eliminarse entre sí para llegar ganadores a la recta final. Así de complejo es el escenario.

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