Opinión

Pensando ya en 2016

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Abril 2015. Apenas termina el primer trimestre del año y las disminuciones a las expectativas de crecimiento para este año abundan. Los recortes atañen a casi todas las economías, incluyendo la nuestra. Todos los organismos están revisando sus previsiones a la baja.

En el caso de América Latina, la Cepal redujo recientemente sus perspectivas de crecimiento en la región de 2.2 a 1.0 por ciento, una disminución importante. Para México, la redujo a 3.0 por ciento partiendo de un 3.2 por ciento anterior. Venezuela, Brasil y Argentina decrecerán. Los analistas del sector privado, señala la encuesta de Banxico, han ajustado sus expectativas a la baja y estiman que el PIB crecerá este año 2.95 por ciento y 3.51 por ciento en 2016.

El Informe de Previsiones Económicas Globales del FMI, presentado ayer, muestra un bajo crecimiento estimado para Latinoamérica, 0.9 por ciento para 2015; el reporte previo apuntaba a 1.3 por ciento y 2.3 por ciento para 2016. México también recibió un recorte: de 3.2 a 3.0 por ciento.

En días recientes el FMI presentó un reporte –Lower potential growth: a new reality– en el que muestra la evolución del producto potencial –el nivel de producción consistente con una inflación estable– en las economías avanzadas, antes y después de la crisis de 2008. Si consideramos la economía global, desde 2000 hasta 2014 se observa un crecimiento en el producto potencial. Este crecimiento se detiene en todas las economías en 2008. No sólo disminuye el PIB potencial, sino también su tasa de crecimiento. Pero separando la economía global en economías avanzadas y emergentes, encontramos información interesante.

Previo a la crisis, la tasa de crecimiento de la producción potencial de las economías desarrolladas mostraba claros signos de un estancamiento, mientras que en las emergentes pasaba lo contrario. A partir de 2008, la tasa de crecimiento del PIB potencial se ha frenado tanto en las economías avanzadas como en las emergentes. Pero la razón es distinta. En las economías avanzadas se presumen razones demográficas y un menor ritmo en el crecimiento del capital, así como la disminución del impacto económico del uso de internet. En las economías emergentes la reducción se debe a una disminución en la productividad, que a fin de cuentas es lo que genera crecimiento a largo plazo.

Sin duda, estamos ante un escenario complicado. Estancamiento global, conflictos geopolíticos, disminución en el precio del petróleo, fortaleza del dólar. Tal vez no podamos evadir los factores externos que nos afectan, pero tenemos que reconocer que 3.0 por ciento es poco para una economía emergente que tiene a Estados Unidos, que sí está creciendo, como principal socio comercial. No deberíamos de usar repetidamente el argumento de las adversidades externas para nuestra falta de crecimiento dinámico y sostenido.

Estamos en un momento con ritmos menores de crecimiento económico. ¿Qué va a hacer México en el mediano plazo? ¿Qué va a hacer para incrementar la productividad? Cuestionémonos si las políticas que estamos implementando la mejoran. ¿Cuál es la receta? No creo que baste una ley para lograrlo, como la ley para incrementar el crecimiento sostenido de la productividad de 2014, o discursos para “democratizar la productividad.” Creo, más bien, que un ingrediente indispensable sería una política educativa con sustancia.

No se trata de querer ver el vaso medio vacío, pero es importante reconocer que tampoco está lleno. 2015 se vislumbra difícil. ¿Y 2016? Apenas es abril de 2015 y ya vemos recortes en los pronósticos para el siguiente año. A ver hasta dónde llegan.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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