Opinión

Penitenciarismo inmobiliario

 
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Topo Chico. (Cuartoscuro)

Uno de los ámbitos privilegiados por el presupuesto de seguridad desde la administración pasada, ha sido el sistema penitenciario, con multimillonarias inversiones inmobiliarias, particularmente en el orden federal, como medida maestra para ordenar el caótico y corrupto sistema.

Preconizando la reinserción social de los internos, como la imagen bondadosa del sistema carcelario, se adoptaron “innovadoras” y costosas medidas que, está visto, han resultado tan fallidas y caras, como costosa en sangre, violencia y dinero ha sido la estrategia contra el crimen, de lo que, paradójicamente, se ha beneficiado una lucrativa y creciente industria privada vinculada a la seguridad, destacadamente en la construcción, adaptación y equipamiento de centros penitenciarios.

Tras los violentos y macabros hechos en el penal de Topo Chico, algunos economistas consultores y exfuncionarios de administraciones pasadas, que incluso formaron parte del gabinete de seguridad nacional, presentaron en un exclusivo club de industriales de esta ciudad, un sesudo estudio que destaca, como solución a la inseguridad que padecemos, la construcción de más cárceles, que requerirían, obviamente, de ingentes recursos financieros, amén de otras recomendaciones vulgares, como la participación social, mejores policías o la adopción del controvertido mando único.

Pocos días después, como si los hubiera escuchado, en el penal de Ciudad Juárez el Papa sentenció: “El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social.”

La brillante interpretación econométrica penitenciaria presentada a los empresarios, pronto topó con la sencilla y contundente lógica de Francisco.

¡Sancho!... ¿Negocio fallido?

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac México Norte.

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