Opinión

Peña, Trump y el dólar

  
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ME Trump en México (Especial)

Las atribuciones causales no se han hecho esperar. Se dice que la visita a México ayudó a Trump en las encuestas en Estados Unidos. Se dice que el ascenso de Trump en las encuestas le ha pegado al peso frente al dólar. Y se dice que tanto Trump como el dólar le han pegado más a la aprobación del presidente Peña. Aquí mis reflexiones.

Como parte de las críticas al Presidente, era tentador afirmar que Trump proyectó una imagen presidencial al electorado norteamericano en su visita a Los Pinos y que eso le sumó puntos en las encuestas. Incluso llegué a escuchar que si ganaba Trump sería por culpa de Peña. Si bien este tipo de razonamientos ya son parte del nuevo pasatiempo nacional, que es vilipendiar al Presidente, no hay que dejar de examinar si tienen sustento. Por atribución causal me refiero a establecer una relación causa-efecto en un nivel discursivo, pero no demostrada con evidencia.

Las encuestas en Estados Unidos ya venían señalando una tendencia ascendente de Trump desde principios de agosto, mientras que la visita a México fue el 31 de ese mes. Por ello, resulta exagerado decir que la visita impulsó al republicano. Es ingenuo pensar que una eventual victoria de Trump podría atribuirse al mandatario mexicano, como también lo era esperar una disculpa pública del magnate durante su visita.

El efecto Trump en el peso ya lo han comentado los analistas financieros en estas páginas, pero no deja de ser un tema de opinión pública que el dólar llegue a romper la barrera “psicológica” de los 20 pesos. Con el tipo de cambio de la semana pasada, la expectativa comienza a ser una cuestión de tiempo. Y surge la inquietud de si eso ocasionará otro deslizamiento negativo en la aprobación presidencial.

Así como el dólar ha estado a punto de rebasar los 20 pesos, la aprobación presidencial ha estado cerca de los 20 puntos. Las encuestas más recientes han registrado una aprobación de entre 21 y 23 por ciento a nivel nacional, los niveles más bajos de los que tenemos registro. Pero, hasta donde sé, ninguna encuesta nacional ha publicado una aprobación sub 20. El 20 en ambos casos, el dólar y la popularidad, podría verse como un umbral no deseable, excepto para quienes se benefician de ello.

Por una razón de peso partidario, es probable que ese 20 sea el fondo al cual llegue por ahora la aprobación a Peña: los seguidores priistas en el país representan alrededor de 20 por ciento a nivel nacional. Ese es un “colchón” que podría sostener a la aprobación, a menos de algunos simpatizantes tricolores comiencen a darle la espalda al Presidente o que el priismo sufra más bajas como resultado del acontecer nacional.

Según mis registros de identidad partidaria en el país, el porcentaje de priistas suele caer cuando el PRI pierde elecciones, por lo que el 20 por ciento actual puede ya traer el efecto de junio pasado, y la próxima es en junio 2017. El foco estará en el Estado de México, donde hay una reserva importante de seguidores del tricolor. Vale preguntarse si Peña seguirá sumido en las arenas movedizas de la impopularidad (en las que, entre más te mueves más te hundes) o si para entonces haya revertido la tendencia.

¡Son los deplorables, estúpido!

Uno de los errores más claros (y potencialmente más costosos, por autodestructivo) para la campaña de Hillary Clinton es haberse referido a la mitad de los votantes de Trump como una “canasta de deplorables”. Que Trump puede ser políticamente incorrecto pero Clinton no, queda como una de las asimetrías de esta campaña.

Para fortuna de Clinton, la arremetida duró poco, ya que la señora sufrió una decaída física durante una ceremonia el 11 de septiembre. Y digo por fortuna porque el tema de la salud desvió (por no decir canceló) la atención en los deplorables, que le estaba pegando duro a la candidata. No faltarán “sospechosistas” que cuestionen si la decaída física de Hillary fue natural o artificial, pero parece que le vino bien. Paradojas de la política. Con todo, Trump avanza.




Twitter: @almorenoal

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