Opinión

Peña, el indeciso

10 febrero 2014 4:22 Última actualización 20 septiembre 2013 5:2

Sergio Negrete
 
 
El presidente Peña Nieto presentó un discurso de corte ejecutivo al tomar posesión el 1 de diciembre. Además de las alusiones históricas, florituras verbales y lineamientos generales de gobierno, anunció con enjundia nada menos que 13 decisiones.
 
La doceava decisión fue presentar al Congreso, para 2013, una propuesta de finanzas públicas con “cero” déficit presupuestal. La solidez presupuestal, dijo el flamante titular del Ejecutivo, se mantendría como pilar de la conducción económica.
 
Ya la decisión encerraba un truco contable. Cero déficit, sí, pero sin considerar el gasto de inversión de Pemex. En otras palabras, un desequilibrio fiscal de aproximadamente 2 por ciento del PIB. Con todo, aceptable, pues esa “doble contabilidad” (con y sin Pemex) la había instituido el gobierno calderonista como una forma de gastar más en el marco de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH), como respuesta al colapso del precio del petróleo (y de los ingresos públicos) de 2008.
 
Pero la economía se desaceleró, ingresos esperados se esfumaron y Peña Nieto cambió, a nueve meses de gobierno, de opinión (y decisión). Solicitó autorización al Congreso de un déficit extraordinario, para 2013, de 0.4 por ciento del PIB. Y el déficit cero (que no era cero) será claramente negativo. La decisión presidencial quedó enterrada… por el presidente. Para 2014 la propuesta ya no será de déficit cero. Muy lejos de ello: es de 3.5 por ciento del PIB (1.5 sin contar a Pemex), que sería el más elevado desde 1990.
 
Otro presidente, Luis Echeverría, se asustó cuando el crecimiento económico en su primer año de gobierno (1971) fue mucho menor al esperado. Su respuesta fue aumentar considerablemente el déficit por medio de más gasto público para así reactivar la economía. Tuvo éxito en el primer año con respecto al crecimiento, y también desató a partir de 1973 una inflación elevada que duró casi 30 años. ¿Puede vislumbrarse para 2014 o 2015 un disparo en los precios tan grave? No, pero tampoco puede esperarse que no habrá un impacto inflacionario cuando el crecimiento es alimentado con más déficit. Si el Banco de México revierte pronto su reciente baja a las tasas de interés, quizá será señal que a su junta de gobierno no le gustó mucho la idea del acrecentado déficit.
 
Peña Nieto también propuso modificar radicalmente la LFPRH, para permitirse tener déficits al menos por varios años de su sexenio. Se supone que estos desequilibrios serán compensados en años futuros con excedentes fiscales, pero resulta que esos superávit serán, con suerte, de 2019 en adelante. Si acaso, el gobierno tendrá déficit cero (sin contar el déficit de Pemex, claro) en 2017 o 2018.
 
Además del déficit, se supone que el gasto adicional será financiado con más y nuevos impuestos. El riesgo que corre Peña es que, como le ocurrió a otro presidente en su primer año de gobierno, Vicente Fox, la reforma fiscal que brote del Congreso sea muy distinta (y con un poder recaudatorio muy mermado) a la iniciativa original. Hasta el PRI está rechazando en días recientes algunas propuestas impositivas, lo que no presagia nada bueno al respecto.
 
La treceava decisión de Peña Nieto fue también relacionada con las finanzas públicas. Dijo que los gobiernos tenían la responsabilidad moral de ser austeros, y que emitiría un decreto para establecer medidas de austeridad y disciplina presupuestal en el ejercicio del gasto público. Es interesante constatar que en el prolijo comunicado de prensa (25 páginas) en que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público detalló la Reforma Hacendaria, la palabra “gasto” aparece en 20 ocasiones, pero “austeridad” no se menciona una sola vez. Al parecer hubo otro cambio de decisión.
 
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