Opinión

Pemexproa

 
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[Pemex exportó un promedio de un millón 173 mil barriles a un precio regular de 100.81 dólares por barril. / Bloomberg]  

El gobierno al rescate de Pemex. El anuncio en días recientes por parte de las máximas autoridades hacendarias parecía, por fin, el reconocimiento de una realidad tan negra como el petróleo mexicano y su precio: el Estado aceptaba públicamente el imperativo de salvar a una empresa que, en los hechos, lleva años en quiebra. El proceso sería doloroso, pero se aceptaba (primer paso para todo adicto en proceso de desintoxicación).

Pero todo indica que fue una operación de pinza audaz y exitosa, pero al cabo de corto plazo, para apoyar la venta de bonos por parte de la paraestatal. El titular de la SHCP (en un discurso) y el subsecretario de Ingresos (en entrevista con Bloomberg) lanzaron el mismo mensaje: el gobierno federal apoyaría a Pemex en caso de ser necesario, incluso capitalizando la empresa. A buen entendedor, declaraciones concretas, y la demanda por los bonos se disparó. Sólo en instrumentos a 10 años se colocaron 3 mil millones de dólares, nada mal cuando los precios del crudo tocaban el subsuelo.

Mejor retrato de la miopía gubernamental, imposible: vende la deuda, que luego arreglamos el desastre. En los hechos se ofreció una plena garantía gubernamental y una tasa de interés astronómica. Una combinación fabulosa para cualquier inversionista amante de altas utilidades y bajo riesgo. Y mientras que los bonos del Tesoro estadounidense rozan los rendimientos cercanos a cero, Pemex colocó los suyos a 6.90 por ciento. Esto es, casi tres puntos porcentuales arriba de la deuda del propio gobierno federal. En otras palabras, el chiste costará a los contribuyentes un interés adicional durante esa década de 800-900 millones de dólares. Y serán los contribuyentes, no Pemex, porque la empresa no tendrá la capacidad financiera para pagar.

¿Qué está esperando el gobierno para iniciar el rescate? Quizá, no debe descartarse, que el Papa Francisco traiga un milagro, y Pemex se convierta de repente en una empresa lucrativa que por sí misma puede enfrentar su deuda y su pasivo laboral, además de precios del crudo en niveles bajísimos, después una audaz y profunda reestructura. Sería un prodigio que haría palidecer la multiplicación de los panes y los peces, pero es lo que declaró el subsecretario de Ingresos que debía hacer la paraestatal para que el gobierno la capitalizara.

La administración peñista hizo una transformacional reforma energética. Tuvo mala suerte, aprobándola justo cuando iniciaba el desplome en las cotizaciones del chapopote. La visión de un Pemex manteniéndose a flote por medio de asociaciones con otras empresas (sobre todo extranjeras) pudo ser realista en 2006, pero no lo es en 2016. El corolario de la reforma no será el final feliz, pero debe ser el final de Pemex en su estado actual. Es imperativo capitalizar la empresa a cambio de su virtual desmantelamiento y la compra del contrato colectivo, parecido a lo que el gobierno zedillista hizo con Ferrocarriles Nacionales de México. Es el momento de arrancar el Pemexproa. Entre más se postergue el problema, más costoso saldrá.

Twitter:@econokafka

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