Opinión

Pemex y el fisco

10 febrero 2014 4:49 Última actualización 31 julio 2013 5:22

 
 
Mario Rodarte
 
El tema de la denominada reforma energética está plagado de errores de concepción, de desconocimiento de detalles, así como de algo de ignorancia general y de la historia, lo que facilita el manejo amañado de la información, por parte de quienes desean conservar a cualquier precio el statu quo. Para empezar, Pemex no es una empresa, prácticamente desde ningún punto de vista, ya que legalmente está considerada en la ley como un organismo descentralizado y desde el punto de vista económico no se rige por el principio de maximización de utilidades, o por lo menos por el de maximización del valor del organismo en el tiempo.
 
 
Como lo habíamos comentado previamente en este Pupitre, ahora que los precios siguen sin subir, como lo hicieron en el pasado, las ventas en comparación anual están bajando, por el efecto de los precios, aunque se dice que también está exportando un menor volumen que antes, hecho que ha vuelto a hacer sonar las alarmas.
 
 
El manejo político de la organización favoreció la expansión desordenada del personal que ahí labora y si a esto añadimos concesiones por parte del gobierno al sindicato, plasmadas en el contrato colectivo, que lo han vuelto un verdadero problema, la verdad debemos dar gracias porque el costo de extracción del crudo es muy bajo, lo que permite un diferencial muy alto respecto al precio de venta del producto y sólo de esta forma es posible mantener los pagos irracionales al sindicato, así como transferir recursos al gobierno, que debe hacer frente al servicio de la deuda, a los pasivos laborales y al precio de la importación de productos derivados, como la gasolina, que para colmo se vende a un precio subsidiado en el país.
 
 
Prácticamente todos los proveedores y contratistas del organismo disfrutan de contratos muy ventajosos por diversas razones, siendo la primera el amiguismo, que sigue haciéndose presente, luego el pago de ciertas rentas a los cuates, el pago de facturas electorales y de otro tipo de favores, los retrasos para cubrir adeudos, que tienen un elevado costo de oportunidad y otros detalles por el estilo.
 
 
El hecho de que el organismo no se maneje como empresa, implica que su gobierno corporativo es inexistente, o más bien, de risa, ya que conviven los consejeros profesionales, con otros personajes que no tienen ni idea del tema, así como con miembros del sindicato, que tienen un claro conflicto de intereses.
 
 
Nada más de imaginar el tipo de acuerdos que se toman en esas reuniones de consejo, uno agradece que no los hagan públicos y que más bien sea la mano amiga, o la mano pesada de algún funcionario federal lo que haga entrar en razón a ejecutivos de la empresa, empleados y otros interesados. Se ha dicho en estos días que el organismo debería tener un tratamiento fiscal diferente y ser manejada con autonomía presupuestal.
 
 
Esta sola idea implica que las áreas de tesorería, contabilidad, pagos y cobranza tendrían que crecer, ya que difícilmente podrían ser más productivos, so pena que el resto del personal los castigue, lo que significa que su plantilla laboral aumentaría considerablemente. Luego veamos el tipo de ideas y ocurrencias que el sindicato podría tener, con mayores recursos y autonomía presupuestaria, tales como formar rápidamente una empresa especialista en perforación de pozos en aguas profundas y alguna otra mafufada, que haría que los pagos al sindicato se elevaran considerablemente.
 

Luego los defensores de la paz laboral tendrían que diseñar un nuevo esquema de pago de incentivos, acompañado de un nuevo tabulador ligeramente más elevado, por qué no, comparable con empresas petroleras mundiales, aunque sin cuidar el aspecto de previsión para el retiro, lo que no sólo aumentaría los pagos presentes, sino que en el futuro habría que hacer otro renglón en el presupuesto para atender asuntos pendientes de los petroleros.
 
 

Desde fuera luce bastante difícil que el gobierno pueda poner orden en el organismo, sin afectar intereses creados de terceros, por lo menos los del sindicato, quienes se apoyarán en su infalible izquierda para que salga a la calle a defenderlos. Sin un cambio de fondo en la administración va a ser difícil, incluso, que los inversionistas privados quieran entrar a los proyectos que supuestamente se van a abrir para la inversión.
 
 
Al no privar el enfoque de la eficiencia será difícil que prospere alguna otra cosa más, fuera de los recursos fáciles de darle autonomía presupuestaria y sentarse a ver como pasan los años, sin inversión en nuevos proyectos, en innovación y nuevos arreglos para la competitividad.
 
 

El gobierno podría plantear un nuevo esquema para utilizar los recursos que en teoría hoy son exprimidos de Pemex, porque es cierto, hasta hoy sólo hemos visto como los excedentes petroleros de van a campañas electorales y programas de gasto que sólo benefician algunas bolsas privadas, entre ellas las de muchos funcionarios y como seguimos manteniendo burocracias intocables, que son incapaces de hacer algo para que el gasto público financiado con recursos del petróleo rinda beneficios sociales.
 
 
Vimos como aumentó la pobreza, a pesar de ya casi tres lustros de excedentes y seguimos padeciendo los rezagos en infraestructura. Plantear que porcentaje de los ingresos se invierte, en qué y cuánto se ahorra para paliar los años de vacas flacas sería una buena idea para poder pedir un mayor apoyo de la sociedad a la propuesta de reforma que se haga. De otra forma, las cosas lucen cuesta arriba.
 

rodartemario@hotmail.com