Opinión

Pemex: nuevo régimen fiscal sin autonomía


 
Mucho se ha discutido y cuestionado en los últimos días acerca de las propuestas tributarias de la reforma hacendaria. Sin embargo, poco se ha analizado el nuevo régimen fiscal de Pemex, que se establece en una nueva “Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos” y las modificaciones a otros ordenamientos (leyes de presupuesto, de deuda y de Pemex), así como los cambios para una supuesta mayor autonomía presupuestaria.
 
 
Estos aspectos constituyen piezas angulares de la reforma hacendaria ya que, por una parte, determinarán los márgenes para las finanzas públicas en la medida que 30-35 por ciento del ingreso presupuestal proviene de Pemex y éste ejerce 12 por ciento del gasto público total. Por otra, será un aspecto clave del éxito o fracaso de la reforma energética, debido a que los componentes del nuevo régimen de contratos de utilidad compartida, que se proponen entre el Estado y Pemex, serán la base para definir el atractivo para los inversionistas privados en exploración y extracción de hidrocarburos.
 
 
El régimen fiscal vigente para Pemex implica una sobrecarga para la empresa. Aunque la SHCP sostiene que actualmente el nivel impositivo “es adecuado” (¡sólo 90 por ciento de sus ingresos netos en 2006-2012!), ello ha generado restricciones a la inversión, endeudamiento creciente, descapitalización y falta de recursos para el mantenimiento básico de su infraestructura, lo que todos padecemos. Además, es extraordinariamente complejo, al existir un régimen general para petróleo crudo y gas –cuyas mayores restricciones son la tasa de 71.5 por ciento sobre ingresos netos y el límite a la deducibilidad de costos, lo que distorsiona sus decisiones de inversión–; uno especial para aguas profundas y campos en Chicontepec; otro para “campos marginales”; y uno más para gas no asociado.
 
 
La nueva propuesta (bajo los contratos de utilidad compartida, que coexistirán con el régimen actual de “asignaciones” a Pemex) se aproxima a un régimen “normal” de empresa: en principio, se reconocerán los costos reales en los que incurre Pemex; pagará ISR sobre la utilidad neta; ésta se distribuirá entre reinversión y dividendos para el Estado; y pagará una regalía sobre las ventas. Aunque parecería adecuado, la realidad es que la SHCP no flexibiliza el control sobre la empresa.
 
 
En primer lugar, determinará el monto anual del dividendo estatal a pagar para financiar el presupuesto federal. En un entorno de gasto y déficits públicos crecientes, como lo establece la propia reforma hacendaria, es previsible que el dividendo limite significativamente la inversión y los gastos operativos de Pemex.
 
 
En segundo término, esa Secretaría definirá para cada contrato de utilidad compartida los costos, gastos e inversiones a ser recuperados y, por tanto, el remanente a distribuir entre el Estado y Pemex. Además, emitirá una “directiva de contabilidad” y otra “de contratación”. Con ello, la gestión de ingresos y costos quedaría prácticamente fuera del ámbito de la administración de Pemex y la SHCP pasará de un manejo global del presupuesto de ingresos de la paraestatal a un micro-manejo de sus contratos.
 
 
Para redondear el control sobre Pemex, el “nuevo régimen de autonomía” establece que la SHCP seguirá definiendo el techo de gasto en servicios personales (lo que incrementará el riesgo de pirateo de personal calificado por otras empresas que competirán con Pemex) y de deuda. Asimismo, podrá “solicitar a Pemex el ajuste de sus metas y techos de gasto” globales –con la SHCP, las solicitudes son sinónimo de instrucciones– y la entrega de cualquier documentación e información que requiera, con lo que no se elimina la “reportitis” hacia Pemex.
 
 
A ello se agrega que la nueva propuesta es omisa en todos los aspectos relativos a los mecanismos de control y auditoría que ejercen las entidades fiscalizadoras, como las secretarías de Energía y de la Función Pública (o la entidad que la sustituya), los órganos internos de control y la Auditoría Superior de la Federación. En tanto ello no se modifique, la autonomía de Pemex será una quimera.