Opinión

Pemex, nuevamente Pemex

El monstruo asoma la cabeza, un monstruo que siempre ha estado ahí, amenazante, pero al que no se le había dado la importancia, la enorme importancia que tiene.

Me refiero a las pensiones y jubilaciones de nuestra empresa, la de todos los mexicanos. Sí, me refiero a Pemex, cuyos verdaderos dueños y usufructuarios son, en primer lugar, un sindicato que se ha servido con la cuchara ancha, una gigantesca cuchara que le ha permitido lograr prestaciones y ventajas paras sus agremiados que ofenden a todos los mexicanos, excepto a quienes trabajan en ella; en segundo lugar, la Secretaría de Hacienda, que se lleva todas las utilidades de “nuestra empresa” y más, o sea que la saquea, para allegarse fondos que deberían salir de los impuestos que no pagan quienes trabajan en la economía informal; en tercer lugar, contratistas y empresas del sector privado –ejemplo Oceanografía– que son parte importante de la corrupción, según ha quedado de manifiesto; y, por último, el crimen organizado, quien en connivencia obligada con funcionarios de “nuestra empresa” extraen de los ductos cantidades de crudo por varios miles de millones de pesos al año. Corrupción, ineficiencia y líderes sindicales encabezados por el célebre Romero Deschamps quien, con toda desfachatez, luce sus lujosísimos relojes, viaja en aviones privados puestos a la disposición de sus familia acompañados en ocasiones de sus perros, y asiste a la sesiones del Senado en donde ¿nos representa? para guiar los destinos del país a buen puerto.

El pasivo derivado de las pensiones y jubilaciones, al que nos referiremos más adelante, es monstruoso: Personal que se jubila, algunos de ellos a los 25 años de trabajo, y disfruta de por vida su último sueldo, indexado con los aumentos que decrete el sindicato a partir de su entrada a la privilegiada área de los jubilados de Pemex. Quiere decir que una mujer que entra a los 20 años a trabajar, se jubila a los 45 y, siendo la vida probable actual de la mujer, alrededor de 80 años, goza de dicha jubilación durante 35 años. Pero no todo queda ahí, yo los invito a leer el contrato colectivo de la empresa para darse cuenta de las irrisorias –si no fuera por el costo que esto conlleva– prestaciones de que gozan los trabajadores y funcionarios de esta empresa ¡Da rabia, mucha rabia!

¿Dónde están y han estado los funcionarios públicos que permitieron el despojo a los mexicanos a favor de la clase privilegiada de Pemex, nuestra empresa? ¿Cómo responden los secretarios de Estado que han presidido su consejo de administración y los otros funcionarios públicos que también han formado parte de él? ¿Y los presidentes de la República, que han sido cómplices de estas atrocidades?

Pemex, al 31 de diciembre de 2013, según sus estados financieros dictaminados por una respetable firma de contadores públicos, muestra una pérdida de 110 mil 664 millones de pesos. Su patrimonio asciende a 117 mil 166 millones de pesos y su pasivo a 1.525,030 millones de pesos.

Según la información más reciente, el pasivo laboral de Pemex pasó de 342 mil millones de pesos a 1.15 billones de pesos en un lapso de 10 años (lo que no está sino parcialmente reflejado en los estados financieros) y ahora se pretende que sea el gobierno federal quien asuma este pasivo –o parte de él– a través de lo que se ha empezado a denominar el Pemexproa (en alusión del famoso Fobaproa de amargo recuerdo). No importa en donde lo coloquen, lo cierto es que somos los mexicanos quienes, a través de nuestros impuestos, principalmente, tendremos que pagar ese monstruoso adeudo, pues no se trata sino de un cambio de cajón, que ahora y siempre ha corrido a cargo de nosotros, los mexicanos, las verdaderas víctimas de las atrocidades de los políticos.

Se impulsa la reforma energética como uno de los grandes pasos que se darán para impulsar la economía mexicana ¡Qué bueno! Si se hace bien, será generadora de empleos dignos y riqueza ¿Pero cual será el papel de Pemex dentro de esta ambiciosa reforma? ¿Cuál el del sindicato abusivo que lo extorsiona? ¿Quién querrá asociarse a este monstruo de mil cabezas, todas ellas inmersas en la corrupción?

Dejemos claro un asunto: si Pemex quieres asociarse en esta nueva etapa de la reforma energética, estará obligada a renovarse y, para ello, entre otras cosas, revisar el contrato con sus trabajadores extirpando el cáncer que la corroe.

Quisiera que alguien dejara clara esta situación, y probablemente esto corresponda a Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía y arquitecto de este delicado paso.

Si a Pemex le agregamos el IMSS y la CFE, con problemas similares, el sueño se nos va, se nos va, se nos va…

¡Los monstruos están al acecho!

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.