Opinión

Pemex, mucho más que un problema de caja

 
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Después de los cambios en Pemex y del anuncio del recorte a su gasto, las autoridades hacendarias y de la empresa han manifestado que la crisis actual es “un problema de flujo de caja”. Lamentablemente no es así y, como suele repetirse, el primer paso para arreglar un problema, o varios como este caso, es reconocerlo. Declaraciones como esas invocan el recuerdo de las que se hicieron al inicio de las crisis de 1982 y de 1994-1995. En ambos casos se dijo que el país tenía un problema de flujo de caja; sólo que tardó varios años en corregirse y tuvo costos económicos y sociales elevadísimos. Toda proporción guardada, ojalá que a Pemex no le pase lo mismo por subestimar la gravedad y profundidad de sus problemas que, más que de caja, son estructurales, consecuencia de gestiones internas deficientes pero también por las restricciones externas que le han impuesto las autoridades federales durante décadas.

Pemex cada vez produce y exporta menos. De 2004, cuando se alcanzó el récord de 3.3 millones de barriles diarios (mbd), a la fecha la producción ha disminuido constantemente. En 2015 se produjeron 2.26 mbd de crudo, que contrastan con 2.42 millones en 2014. Las exportaciones también han ido a la baja desde inicios del siglo. Mientras que en 2004 se exportaron 1.87 mbd de crudo, en 2015 esa cifra apenas alcanzó 1.17 millones de barriles. A eso se agrega la severa caída de la tasa de restitución de reservas (de 100 por ciento en 2012 a 67 por ciento en 2015) y que pone en duda su capacidad de producción a futuro.

Los problemas operativos no se reducen a la producción y exportación de crudo.

La de petrolíferos (gasolina, diésel, turbosina, combustóleo) también registra una tendencia negativa. En 2015 el volumen de proceso de petróleo crudo en el Sistema Nacional de Refinación fue el más bajo de los últimos 25 años, al alcanzar 1.06 mbd. Además, el rezago en la reconfiguración de las refinerías ha provocado que un elevado porcentaje de la producción se concentre en petrolíferos de bajo valor comercial y alto grado de contaminación como el combustóleo, mientras que la de gasolinas, diésel y turbosina ha registrado contracciones importantes. La importación de petrolíferos se incrementó considerablemente durante los últimos años; en 2015 se importó casi 80 por ciento del volumen de producción nacional y más de la mitad de las gasolinas.

Los recortes al gasto acentuarán esas tendencias. Pemex anunció que en 2016 la producción de crudo será 100 mil barriles diarios menor a la prevista en el Presupuesto y que se pospondrán inversiones que no sea rentables a precios del orden de 25 dólares por barril, como si esta industria fuera de ciclos anuales. Por otra parte, la suspensión de inversiones en la reconfiguración de las refinerías retrasará la modernización del sistema y prolongará una operación ineficiente, costosa y poco competitiva que, a la larga, representará mayores erogaciones, y que perpetúa las pérdidas financieras que se registran en esas operaciones desde hace más de 20 años. Ello se pretende resolver con asociaciones con empresas privadas que “aporten tecnología y financiamiento”, lo que se anticipa complejo dado el exceso de capacidad de refinación que existe a nivel mundial.

A esos problemas operativos se agrega la crisis de pagos a proveedores, que difícilmente se resolverá con los 15 mil millones de pesos (éstos representan menos de 10 por ciento del adeudo total) del crédito de la banca de desarrollo; el incremento de la deuda financiera consolidada (30 por ciento en un año); y la insuficiencia en las negociaciones contractuales para solucionar el tema del pasivo laboral, que seguirá gravitando sustancialmente en las finanzas de la empresa.

Lo anterior derivó en que en 2015, por primera vez en su historia, la empresa registrara un rendimiento de operación negativo; duplicara las pérdidas financieras; y alcanzara un patrimonio negativo de ¡1,140,254 millones de pesos! Si fuera privada, esos números la acercarían más a un concurso mercantil que a un problema de caja.

Twitter: @ruizfunes

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