Opinión

Pemex, en la “desesperada”

 
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El ajuste a Petróleos Mexicanos para incrementar su eficiencia le llegó de la peor manera posible. Como parte del paquete de medidas para inducir una mayor estabilidad financiera, que anunciaron las autoridades la semana pasada, en 2016 el gasto público se reduciría en 132.3 mil millones de pesos, de los cuales 100 mil millones corresponderían a la empresa productiva del estado. Como en 2015, la empresa llevaría la mayor parte del ajuste, cuando se anunció un recorte al gasto total por 123 mil millones de pesos, de los cuales Pemex absorbería 50 por ciento; en realidad, la empresa redujo el gasto programable en 39 mil millones con respecto a lo presupuestado, en vez de los 62 mil millones previstos, pero en el resto del sector público federal se registró un sobregiro por casi 220 mil millones.

Para 2016 Pemex cargaría con 76 por ciento de la reducción del gasto total, lo que implicaría recortar su presupuesto anual en 21 por ciento. Todo un reto para el nuevo director, dadas las rigideces de la empresa para ajustar gastos.

En ese sentido, la nueva administración acaba de anunciar diversos cambios en la estructura organizacional –que incluyen la desaparición de áreas de reciente creación como la dirección de procura y abastecimientos y tal vez la de tecnologías– y de funcionarios del alto nivel de la empresa. Si bien es posible que esas modificaciones se justifiquen, la pregunta relevante es para qué sirve el Consejo de Administración y, en particular, los cinco consejeros “independientes” que no sólo aceptan sin cuestionar –al menos públicamente– recortes recurrentes al gasto que impone Hacienda, sino que hace menos de dos años aprobaron la nueva estructura organizacional de la empresa que ahora se modifica y, en menos de un año, ratificaron la designación de funcionarios en diversas áreas que ahora “se jubilan” o se despiden. La gestión del Consejo en la defensa de los intereses de la empresa ha sido una vergüenza en los dos últimos años.

También se adelantan algunas medidas de política energética que parecería que buscan fortalecer a la empresa, como anticipar para abril de este año la apertura a las importaciones de gasolinas y diésel que anunció el presidente Peña esta semana y que estaba prevista para principios de 2017. Nada qué ver con el tema de “mejores precios”, como lo señaló el presidente; en el mejor de los casos, ello se daría en el largo plazo, cuando Hacienda deje de regular los precios y de establecer impuestos al consumo que equivalen a una carga adicional de 75 por ciento del precio de venta. La medida se orienta a liberar a Pemex de la obligación de adquirir gasolinas en el exterior para suministrar al mercado interno –por más de 20 mil millones de dólares al año–, y aliviar la presión sobre su flujo de efectivo. Por otra parte, adelantar las importaciones de gasolinas y diésel permitirá darle valor a los activos de almacenamiento y distribución de Pemex (ductos, terminales), ya sea para arrendarlos o venderlos al sector privado, de manera que se moneticen esos activos a favor de la empresa, al tiempo que se transfieran las operaciones a otras empresas que, en principio, las realizarían a menores costos.

Otra medida relevante para darle viabilidad financiera a Pemex es ejecutar a la brevedad la migración de los contratos de obra pública financiada (COPF) y los integrales de exploración y producción (CIEP), así como las asociaciones con empresas privadas de campos asignados a Pemex en la Ronda Cero (los denominados farm outs) que, después de casi dos años, la administración anterior de la empresa no pudo materializar y que en conjunto representan cerca de 300 mil barriles diarios de petróleo crudo (13 por ciento de la producción total de Pemex).

Recortes al gasto, cambios organizacionales, liberación de compromisos de abasto y monetizar algunos de sus activos resumen la estrategia de rescate de la empresa productiva del Estado. Los enunciados de que Pemex “ni se vende ni se privatiza” y de que “no se venderá ni un tornillo” fueron rebasados por la realidad.

Twitter: @ruizfunes

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