Opinión

Pemex, efectos colaterales

 
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Torre de Pemex. (Bloomberg)

Hace unos días Pemex anunció sus resultados financieros al tercer trimestre de 2015 que, como se anticipó desde hace meses, fueron desastrosos: pérdidas por 342.5 mil millones de pesos, en comparación con 145.3 mil millones en el mismo periodo del año anterior, resultado del deterioro de los ingresos (menos 26 por ciento) e incrementos de los gastos (1.0 por ciento en el costo de ventas, 15 por ciento los de distribución y 8.0 por ciento los de administración); aunque los impuestos y derechos se redujeron sustancialmente (52 por ciento), como proporción del rendimiento de operación aumentaron de 103.5 por ciento en enero-septiembre de 2014 a 138 por ciento en igual periodo de este año; la deuda financiera consolidada se incrementó en 348.8 mil millones de pesos durante este año, que se sumó al incremento de los pasivos laborales y de las deudas con proveedores. Ello derivó en que su patrimonio sea cada vez más negativo (pasó de menos 767.7 mil millones de pesos a menos mil 100.2 mil millones). Esto es, en vez de que los dueños –nos dicen que “todos los mexicanos”– acrecentemos la riqueza asociada a la empresa, cada vez debemos más.

En ese marco, a fines del mes pasado la agencia Moody’s redujo la calificación de Pemex de A3 a Baa1, de riesgo crediticio bajo a riesgo moderado, por “tener indicadores crediticios débiles” y perspectivas de deterioro a corto y mediano plazos. Más allá de que las razones de esa calificadora se justifiquen –otras como Standard and Poor’s y Fitch no han realizado modificaciones— ello podría traducirse en un incremento del costo de futuras emisiones de deuda de la empresa y eventualmente podría impactar la de otras entidades, incluidos los gobiernos federal y locales. Primer efecto colateral.

A ello se suman otros efectos de la evolución financiera y productiva de Pemex. El retraso y la deuda acumulada en el pago a proveedores es de gran relevancia; a septiembre ascendió a 58 mil millones de pesos y, según declaraciones de líderes del sector privado, involucra a más de dos mil 500 empresas, lo que implicaría un promedio de más de 23 millones por empresa, que muchas no podrán afrontar. Además, Pemex ya oficializó aumentar el plazo para el pago de facturas de 20 a 180 días y eso una vez recibidas, aceptadas y validadas con lo que el proceso total de cobro puede durar casi un año. Eso sí, abrió un mecanismo de factoraje con Nafin que involucra una tasa de TIIE+2.25 puntos, que sería atractiva al solicitar un crédito, pero que implica un descuento de entre 4.5 y 6.0 por ciento en la factura por cobrar. A esto hay que agregar el incremento del desempleo generado por la menor actividad en las principales áreas de producción petrolera; de acuerdo con el Inegi, a octubre la tasa de desempleo en algunas de dichas zonas se incrementó en más de un punto porcentual, mientras que la media nacional disminuyó en 0.6 puntos en el último año.

Otro efecto ha sido lo que parece una búsqueda desesperada de Pemex para incursionar en nuevos negocios: compra de una planta (quebrada y sin mercado) de fertilizantes en 200 millones de dólares en 2013; la propuesta para comercializar el petróleo crudo producido por otros competidores, que difícilmente aceptarán; la operación de gasolineras en Estados Unidos, sin un propósito claro; y el acuerdo con ocho grupos gasolineros para coordinar estrategias de compra en bloque ante la apertura del mercado, a lo que habrá que ver qué dice la Comisión de Competencia.

Y también redefinir sus viejos negocios: regresarle a la Secretaría de Energía 95 campos de producción no rentables; el descubrimiento de seis campos que se dice incrementarán las reservas potenciales, pero habrá que probarlas y certificarlas; y las inversiones presentadas ayer (es la enésima vez que se anuncian) en reconfiguraciones y producción de combustibles limpios en las refinerías, para lo que no hay claridad de recursos en Pemex y difícilmente habrá interés del sector privado.

Pemex no va bien. Políticas fiscales y presupuestales leoninas, y decisiones administrativas de dudosa efectividad la están hundiendo.

Twitter: @ruizfunes

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