Opinión

Pemex "bailout"

Bailout es probablemente una de las palabras más radioactivas para un político estadounidense. Desde 2008 cuando Estados Unidos (EU) inició el rescate financiero debido a la crisis hipotecaria y la recesión mundial que afectó a ciertas industrias, los políticos estadounidenses han tenido que balancear entre las necesidades de la economía y los incentivos negativos de rescatar a los irresponsables. ¿Cómo asegurar que las empresas automotrices, como General Motors, se conviertan en una industria que pueda ser competitiva? ¿Cómo prevenir que el sector financiero no vuelva a abocarse a inversiones altamente riesgosas e irresponsables?

Estos mismos políticos decían que hay bancos e industrias que son tan grandes, que impactan tantos individuos y representan a sectores tan amplios, que no se les puede permitir hundirse too big, to fail.

Ese es el caso de Pemex, la empresa más importante del país y por lo cual no se le puede permitir fracasar, especialmente ante la posibilidad de que se implementen las reformas más significativas que ha tenido el sector desde su expropiación.

Más allá del debate de si la reforma energética es la apropiada o no, el hecho es que el problema tenía que resolverse ante su magnitud: Pemex tiene un pasivo laboral de 1.15 billones de pesos, equivalente a 9.0 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Pemex ya era inviable y se discutía poco públicamente, tal vez porque no se concebía una solución económica ni política.

Y aunque el lenguaje legislativo en relación a un posible rescate es mucho menos catastrófico de lo que han pronosticado los analistas y columnistas, donde aseguran que el contribuyente tendría que pagar hasta 700 mil millones de pesos, el hecho es que Pemex requiere de un bailout. La pregunta es: ¿qué tipo de rescate y qué incentivos habrá para asegurar la viabilidad a largo plazo de la nueva “empresa” Pemex?

En el caso de EU, el gobierno planteó sus diferentes rescates como préstamos o bonos en donde los “rescatados”, ya sea General Motors o Chrysler, eventualmente tendrían que pagarle al erario su rescate. Creo que también es importante señalar que en los pocos casos donde se han identificado problemas de corrupción, fraude o negligencia que podían constituirse como actos criminales, la justicia ha sido algo lenta pero certera en buscar culpables. Esto es lo que le da la cobertura política al gobierno, ya que han habido cuestionamientos sobre el uso del rescate financiero, especialmente en el sector automotor.

Pero lo importante es crear los incentivos para que esto no suceda de nuevo. Y el problema es que en los bailouts mexicanos parece que se premian a los gandallas.

Gracias a las redes sociales estamos inundados de fotos y videos de nuestros honorables políticos y funcionarios llevando a cabo todo tipo de ilegalidades, todo un reality show de corruptelas. Además, podemos atestiguar con más detalle la falta de liderazgo que existe en nuestra clase política. ¿Por qué pensar que con el rescate de Pemex este problema cambiará?

¿Usted se puede imaginar qué le sucedería a un CEO si se publicaran fotos de él o ella empacando una maleta de dinero o exigiendo pago por cometer un fraude en contra de la empresa?

En el caso de la “Empresa México”, el balconear las porquerías no es un atenuante para despedir. El hecho de que todo el mundo pueda ver fotos de los yates y carros de lujo que compró “Junior” no es suficiente. Al contrario, parecería que eso garantiza el fuero. Entonces, si el transparentar no es suficiente, ¿el golpear los bolsillos de los corruptos y de los ineptos debería de ser un buen incentivo a portarse bien?

Ahora también tenemos a los gobernadores y presidentes municipales que están exigiendo que el gobierno federal los proteja del abismo de deudas que se han acumulado. ¿Se pueden imaginar qué podría suceder? En adelante ningún gobernante se preocuparía por pagar sus deudas y se dedicarían a gastar o a robar con completa impunidad. Papa gobierno federal seguramente los rescatará.

No es solamente un problema de impunidad y la necesidad de castigos ejemplares. Lo que se requieren son incentivos para que la clase política y los futuros funcionarios de Pemex cambien su forma de comportamiento y que sean más responsables.

Es decir, enviarlos a la cárcel. No hay nada como perder la libertad para cambiar el comportamiento de una persona, de un político y de los futuros empresarios de Pemex.