Un futuro sin agua
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Un futuro sin agua

COMPARTIR

···

Un futuro sin agua

06/11/2018
Actualización 06/11/2018 - 12:29

Una amiga me contó que cuando era pequeña le tocó presenciar la preocupación de su padre, agricultor de tomates, debido a las malas condiciones climáticas de ese año. Por varias semanas lo único que se habló en casa tuvo que ver con la posibilidad de una mala cosecha y las funestas consecuencias que tendría para el ingreso familiar, así como la escasez de tomate generalizada en la región. Mi amiga, a sus cuatro o cinco años, trató de reconfortar a su padre y le hizo ver que, si no se da bien la cosecha de tomates en su parcela, igual los podría comprar en el supermercado que acaba de abrir en la ciudad.

Esta anécdota, que podría parecer tan sólo una curiosidad infantil, logra reflejar buena parte del desconocimiento que los habitantes de las ciudades tenemos sobre el origen de lo que consumimos. A veces, el ritmo incesante de nuestras ciudades no nos permite preguntarnos de dónde provienen los elementos más básicos para nuestra vida cotidiana. ¿Qué tan cercana es la milpa que alimenta tu mesa? ¿Qué frutas son de temporada en tu región? O incluso parece imposible saber de dónde provienen los servicios más comunes, pero también más importantes para poder realizar tu vida de manera normal. ¿Cuál fue la planta eléctrica que produjo la energía con la que cargas tu celular? ¿De dónde provino el gas con el que calientas tu comida? Y, quizás la pregunta que más y más capitalinos se realizan actualmente es, ¿de dónde obtenemos el agua que consumimos cotidianamente?

Los recortes de agua en la Ciudad de México han cimbrado la manera en que entendemos nuestra vida diaria. Buena parte de sus habitantes comenzaron a racionar el consumo, a almacenar en cisternas y a cambiar sus hábitos de higiene para lograr sobrevivir el corte total que inició la semana pasada. La promesa gubernamental señalaba que entre el domingo y el martes se normalizaría el servicio; sin embargo, el servicio no ha sido restablecido aún debido a diversas fallas en el sistema de bombeo y por lo cual se han decretado medidas de contingencia.

En estos días la cotidianidad en la Ciudad de México se asemejó un poco a la que se vive en Sudáfrica y específicamente a Ciudad del Cabo. En esa urbe de medio millón de habitantes el mundo ha visto reflejada buena parte de sus miedos frente a la escasez de agua. Uno de los hábitos más apocalípticos de dicha ciudad es el contador de 'El día cero', que refleja cuántos días quedan para que se quede sin agua la presa que abastece a la ciudad. La vida en Ciudad del Cabo ha cambiado radicalmente. Los jardines lucen secos, las fuentes ornamentales son un vestigio del pasado de despilfarro y los hábitos del hogar se han transformado radicalmente.

Estos días de emergencia para la Ciudad de México nos mandan alertas inequívocas que por años hemos decidido no escuchar. Hemos explotado por décadas los mantos acuíferos de nuestras ciudades y campo, sin dedicar esfuerzos serios para la recarga de nuestros mantos hídricos. Hemos construido enormes desigualdades que retan a la vida en los barrios más pobres: según cifras de la OCDE, 15 de cada 100 habitantes del Valle de México reciben sólo ocho horas de agua al día. Hemos crecido sin una perspectiva para el futuro, a altísimos costos humanos y ambientales. Un ejemplo: el Sistema Cutzamala, el cual bombea el agua de los yacimientos hídricos de estados vecinos a las tuberías de la capital mexicana, utiliza el equivalente a toda la energía de la ciudad de Puebla para poder responder a la demanda.

Estamos en un momento definitorio como raza humana. Nuestros hábitos perjudiciales y la limitada cantidad de agua dulce que podemos consumir nos ponen en una situación vulnerable para el futuro. Ya lo dijo Julia Carabias en su artículo “Agua para principiantes”, en Nexos, al sentenciar que “del agua dulce total del planeta, tanto subterránea como superficial, sólo 0.6 por ciento está disponible para consumo humano. Dicho de otra forma, a pesar de que el agua del que dependemos los humanos se limita a una cantidad extremadamente pequeña del total del agua del globo (0.014 por ciento), tenemos la soberbia de dañarla y desperdiciarla”.

El tiempo apremia. No sólo estamos frente a una distopía que parece salida de Mad Max. Estamos en la era decisiva para poder construir la posibilidad de un futuro. Por eso debemos empezar a captar agua de lluvia, a hacer más eficiente nuestro consumo diario, a permitir que se completen los ciclos hídricos a través de las zonas de recarga y a construir una cultura de responsabilidad hacia nuestros recursos naturales.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.