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Ilusión compartida

10/07/2018
Actualización 10/07/2018 - 11:38

El sábado nos volvimos a ver. Eran los rostros que llenaron otras actividades, las personas imprescindibles, quienes nos han apoyado a lo largo de meses, en algunos casos de años. Nos vimos en un parque con cientos de personas que se sumaron a la campaña cuidando casillas, haciendo brigadas, donando dinero o tiempo, y claro, que nos han brindado sus palabras de aliento en estos momentos.

Muchas de esas personas que nos acompañaron en esa reunión de agradecimiento hicieron cosas impensables. Nos acompañaron esas que, por cuidar los resultados de casillas en donde logramos una victoria contundente, acompañaron el conteo de los funcionarios de casilla hasta las seis de la mañana, sin importarles la lluvia o el frío. Esas personas que después de acompañar la entrega del paquete electoral se cambiaron de ropa y se fueron a trabajar, después de una jornada de 23 horas seguidas.

Estaban quienes nos regalaron todas sus mañanas para tocar puertas, pues en esta campaña teníamos muy claro que sólo podríamos ser competitivos si íbamos a los tianguis, a los espacios públicos y a cada puerta posible. Esas personas con las que nos bronceamos, pasamos sed y hambre, esos brigadistas que nunca nos dejaron abajo, que en ocasiones le comieron del tiempo familiar, escolar o laboral para hacer esta chamba de calle.

Estuvieron esas personas mayores que nos regalaban de su tiempo preparando materiales para las reuniones en la oficina. Esas personas que, por su edad y experiencia, seguido nos daban los consejos más valiosos, quienes te decían: “cuídense, ánimo, paciencia”. Esas personas que organizaron juntas vecinales en sus cocheras, en las calles o en sus escuelas.

Estaban quienes nos acompañaron durante estos nueve meses, sin paga alguna, pero que se comprometieron con el corazón a esta causa. Quienes nos permitieron pasar en tres años de 57 mil a 761 mil 812 votos. Quienes nos acompañaron a visitar cien municipios y quienes dejaron estabilidades para sumarse a una hermosa aventura colectiva.

Por eso era indispensable vernos, hemos escrito una maravillosa historia en conjunto y era necesario agradecerlo. Pedimos que nos permitiéramos un tiempo para la autocrítica, para analizar nuestras equivocaciones, para ser humildes y aceptar cada uno de los consejos o apreciaciones de esta campaña. Reconocer que para ser una fuerza política que siga creciendo, primero debemos ver sus inconsistencias y fallas. Ahí está la semilla para el futuro.

También fue un momento para pedir que seamos generosos con quienes ganaron, pues si le va bien a quien ganó, le irá bien al país. Eso no significa dejar de ser críticos. En todo caso es no confundir la polarización, la venganza o el golpeteo como guías para el país que queremos. También les compartí que había páginas de guerra sucia haciéndose pasar por mí, demeritando a otras personas o esfuerzos, y que resultaba fundamental combatirlas y deslindarnos. Un nuevo país pasa también por abrazar al disenso, la diferencia y la diversidad.

Realizamos círculos abiertos para pensar en el futuro, debajo de hermosos árboles. Fue emocionante escuchar ideas tan distintas para el camino que sigue, pero algo en lo que coincidimos todos fue muy claro: no hay que parar, debemos honrar la confianza y el cariño, hay mucho futuro por delante.

Compartimos pastel, nos abrazamos, en momentos brincamos; se podía respirar una gran ilusión compartida. Hay victorias electorales fundamentales para que los movimientos políticos sobrevivan, pero en este caso la victoria no fue lo que unificó el movimiento, sino sabernos privilegiados de haber trabajado codo a codo. El futuro se ve prometedor desde este parque.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.