Opinión

Pecadores estándar

En su edición del pasado lunes 15 de septiembre, EL FINANCIERO destacó, como la Frase del Día, una de Juan Molinar Horcasitas, integrante del Partido Acción Nacional, quien dijo, refiriéndose a sí mismo y a sus compañeros de instituto político: “No somos ángeles, pero tampoco somos demonios; somos un partido de pecadores estándar.”

Para algunos esta frase puede parecer cínica, pero a mí me parece certera, tanto así que pude aplicarse prácticamente a cualquier grupo, asociación, gobierno, escuela o equipo deportivo.

Todos somos, en definitiva y salvo quién sabe qué excepciones, pecadores estándar. Somos estándar respecto de la sociedad de la que formamos parte.

Permítame un ejemplo: si usted va hacia un charco, agita un poco sus aguas y luego extrae con una cubeta parte del líquido, tendrá una muestra representativa de lo que hay en el charco.

Si en una gota de agua hay una biodiversidad increíble, imagine lo que ha recogido con la cubeta: puede haber allí una enorme cantidad y variedad de bacterias y cianobacterias, organismos microscópicos que carecen de núcleo y cuyo material genético se distribuye por el citoplasma.

Estos organismos son la base alimentaria de gran cantidad de protozoos, entre los que se encuentra una enorme variedad de formas de vida, entre los cuales están los ciliados y los holotricos, entre los que a su vez están , y sólo como ejemplo, los Paraloleptus caudatus, Stylonychia, Trachelophyllum, Coleps, Stilotricha, Parameium, Ameba…

Esta irresponsable y superficial intromisión a la biología no tiene el propósito de impartir cátedra en tal ciencia, lo que está absolutamente fuera de mi alcance. Lo que quiero decir es que, dependiendo del charco, así será la composición y la población de lo que usted habrá recogido con la cubeta.

Estoy imaginando aquí que la llamada clase política de cada país no surge de la nada sino de la sociedad a la que pertenece, lo que equivale a sacar una cubeta de agua de un charco, una laguna o un río.

Otra forma de explicarlo es que si 75 por ciento de los habitantes de un país es futbolero, probablemente 75 por ciento de los integrantes de su gobierno lo sea. Si 23 por ciento son corruptos, en el gobierno habrá 23 por ciento de corruptos, y así en todos los ámbitos de virtudes y defectos.

Esta hipótesis en su versión más primaria no exime a la clase política de su responsabilidad, puesto que las tareas públicas, a las que ellas y ellos se propusieron, exigen el mayor compromiso y honestidad, ya que sus decisiones y acciones inciden directamente en la sociedad, que además de pagarles les confía los recursos de todos, y por ello tienen que esmerarse en ser eficientes y honestos, por lo menos.

El fondo de la cuestión es que hay que trabajar con nosotros mismos, con la sociedad toda, para que el agua que somos se parezca más a la de un río cuidado que a la de un charco.

La clase política del país siempre será estándar respecto de la sociedad de la que forma parte, pero hay que elevar la línea de lo estándar.

Tenemos que ser mejores todos para que de entre nosotros salgan más y mejores políticos, obreros, empresarios, campesinos, estudiantes, policías, deportistas, científicos, artistas…