Opinión

Peatones

 
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Calle 16 de Septiembre, en el Centro Histórico. (Cuartoscuro/Archivo)

Aquí y en cualquier lugar del mundo de algo podemos estar seguros: todos somos en algún momento peatones. No todos tenemos un vehículo, una motocicleta o una bicicleta; pero eso sí, seguro todos hacemos uso de las calles. Entonces, la forma en que logramos movernos en ellas es un asunto, fundamentalmente, de ciudadanía.

Esta semana celebramos el Día Internacional del Peatón (que puede no significar mucho) y en este marco se anunció el nuevo Reglamento de Tránsito del Distrito Federal (eso sí muy importante), que ha centrado el interés de los capitalinos sobre todo en el incremento de las multas y la aplicación de sanciones. Sin embargo, en el Consejo Ciudadano estamos convencidos que el protagonista central para que este reglamento funcione no es la autoridad, sino nosotros, los ciudadanos.

El objetivo de la norma es lograr una convivencia positiva entre automovilistas, motociclistas, ciclistas, choferes de autobuses, choferes de transporte de carga y el peatón. Porque, si no logramos esa convivencia positiva, ¿qué pasa? No hay ley o reglamento que funcione, porque no lo seguimos.

Algo que exigimos y reclamamos diariamente como ciudadanos es la movilidad. Lo que queremos es llegar lo más rápido posible a nuestro trabajo, a la escuela, regresar aún más rápido a casa; pero, siendo honestos, podemos establecer que 90 por ciento de las veces en que esto no se logra, es por nosotros mismos.

Debemos reconocer que quienes generamos los principales obstáculos para una movilidad aceptable somos los ciudadanos ¿Cómo? Al no convivir correctamente, al no ser peatones responsables. ¿Y qué quiere decir esto? Que no sabemos cruzar una calle, respetar los señalamientos viales y mucho menos los semáforos (alerta: la luz ámbar significa “empieza a detenerte”, no “acelera, ya viene la luz roja”).

Por ello, el Consejo Ciudadano inició el Programa Protejamos al Peatón, una campaña de concientización en la que llevamos cinco años, con activaciones realizadas por mimos y que abarcará los 60 cruceros más conflictivos de la ciudad.

En esta acción los mimos muestran tarjetas con manos pintadas, en color verde y rojo, muy parecidas a la de los árbitros de futbol.

A través de medir en cada cruceros las faltas antes y después de que los mimos sancionen socialmente a conductores, ciclistas y peatones, podemos registrar cada una de las situaciones que se le presentan a cada uno y comprobar el cambio de malos hábitos.

Lo curioso es que en un par de horas [de estar trabajando en algún crucero] los conductores frenan antes del paso peatonal, los ciclistas no se pasan la luz roja del semáforo y los peatones dejan de zigzagear entre los automóviles. ¿La razón? Primero, porque todos los estamos observando y eso es públicamente vergonzoso y, segundo –más importante–, porque juntos cambiamos el entorno. Y si estamos de acuerdo con el cambio, construimos mejores hábitos y solucionamos problemas que parecen imposibles.

El autor es presidente del Consejo Ciudadano de la Ciudad de México.

Correo: consejociudadano@gmail.com

Twitter: @LuisWertman

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