Opinión

Paz para recordar

Vale la pena hacer un paréntesis en la cotidianeidad del México actual, me refiero al México cuyo periodo de transformación es continuo y que en la actualidad se encuentra en un momento de definición operacional y funcional, atendiendo a las diversas reformas políticas que se encuentran en discusión y de las cuales la esperanza del mexicano es mucha.

Porque México en la actualidad, no solo resulta ser el México al que deba buscársele un remedio para acabar con los males que lo aquejan, por que México somos todos los mexicanos que hacemos hacia nuestro interior el compromiso real de construir un país cuyo nombre hacia el exterior refleje una serie de valores y principios que le permitan figurar en las listas que evalúan las características positivas y valiosas de una nación.

Y son muchos los mexicanos los que día a día se comprometen en construir una nación justa y digna, son muchos los que, incluso sin esperar el reconocimiento ajeno, hacen de su tarea la más digna de las actividades, de su trabajo, la pasión incontrolable de su alma, arrojando en consecuencia el reconocimiento inevitable de su obra y con ello el orgullo generalizado de nosotros los connacionales.

A 100 años de su natalicio, me parece importante seguir recordando su obra, su razón de vida, aquel trabajo que nos ha permitido soñar, recordar, analizar, aceptar y en general ponerle palabras a un sin número de sentimientos y realidades través de, a mi parecer, una deliciosa retórica mágica apegada a la realidad.

En la mente traigo el momento en el que le fue entregado el premio Novel de literatura, siendo él el único Mexicano que a la fecha ha obtenido tan importante reconocimiento y que en su discurso alrededor de dicho evento, profesó la idea de que la inmortalidad de las obras, se lo da la propia calidad de las mismas, sin que deba atribuírsele a la ostentación de un premio nobel, y es así como a través de los años, seguimos reconociendo su pasión y su calidad como poeta, narrador, ensayista, traductor, editor e impulsor de las letras mexicanas.

Destacado defensor de la libertad y en cuyo discurso y trabajo reflejaba el dominio y entendimiento profundo del amor, del erotismo, de la política, así como de la esencia del mexicano. A quién, si no a él se le podía aceptar una acertada definición del mexicano o de la política mexicana a través de acertados ritmos y colores de una prosa convertida en arte a través de sus talentos.

Quizás cierta interpretación de su obra, podría no coincidir con los ideales de todos, sin embargo y como en todo contexto, experimentar la lectura desde la perspectiva de otra persona, nos brinda la oportunidad de incrementar la tolerancia a las ideas disímiles y la construcción de ideas nuevas en un ejercicio dialéctico.

En una sociedad como la nuestra, en la que las necesidades sociales son enormes, en la que la realidad social se presenta como un desorden establecido y como injusticia institucional, la obligación de responder con pertinencia a lo social, se convierte en obligación de incidir en lo político.

Y en ese sentido, era palpable el compromiso social de la obra de Octavio Paz, la que hasta hoy en día y siempre será reconocida por su calidad y no por el Premio Novel, que para a unos la avalan; no me queda duda en que la renovación positiva de la sociedad, se alimenta de una empatía creadora cuya función de ciudadanos, activistas, poetas, científicos y funcionarios es primordial, por lo que su obra siempre será considerada como una aportación positiva en beneficio de México e incluso de algunos países que fueron testigos de su trabajo.

“La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar”.

Y como la anterior frase atribuida a Octavio Paz, él no dejará de ser un personaje que hoy en día, en el 100 aniversario de su natalicio, y siempre, será un presente que nunca acaba de pasar, así como el instante lúcido de un presente fugaz.

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