Una jaula en otra jaula
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Una jaula en otra jaula

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Una jaula en otra jaula

21/06/2018
Actualización 21/06/2018 - 15:16

Bruce Nauman es uno de los artistas más prominentes de Estados Unidos. Nacido en 1941, en Indiana, estudió matemáticas y física, antes de obtener una maestría en arte, en la Universidad de California. Su trabajo usa un sin fin de medios –videos, performance, instalaciones, neones– para analizar las estructuras de poder, y cuestionar al público desde lo corporal, desde lo lingüístico, desde lo político.

A finales de los años 60, en el momento en que el medio del video era totalmente nuevo para los artistas y su práctica, Vito Acconci, Bill Viola, Bruce Conner, Dan Graham comenzaron no sólo a utilizar el medio como cualquier otro en su práctica, sino a analizar el potencial de éste. Los ejercicios que realizaron algunos de ellos tenían que ver con la capacidad poética, narrativa y el análisis de la inclusión del tiempo filmado y tiempo percibido. Otros muchos de los ejercicios anticiparon cómo esta nueva herramienta sería utilizada por las estructuras del poder, para perseguir, acosar y vigilar a los ciudadanos.

Nauman creó videos canónicos en los que se filmaba haciendo acciones repetitivas en la intimidad de su estudio, como caminar lentamente sobre un perímetro determinado, o rebotar en una esquina. Estas obras combinan acciones un poco absurdas, pero que quedan integradas y determinadas por la lógica y la estética de las cámaras de circuito cerrado que se emplean para seguridad. En Doble jaula de acero (1974) el artista mete una jaula dentro de otra, dejando un espacio muy limitado en el perímetro para que el espectador entre y experimente la opresión, el confinamiento, la asfixia, no sólo como una sensación compleja, no sólo como una situación del cuerpo, sino como una metáfora del sistema político y social en el que vivimos.

Pero las metáforas se materializan y se agrandan. Nuestra paranoia, nuestras obsesiones, nuestros miedos eran pequeñas señales que confirman que sí, que estamos todos atrapados, confinados en un mundo que de pronto aparece mucho peor. Niños migrantes separados de sus padres, encerrados en jaulas, con un número colgando del pecho, nos muestran, como en la pieza de Nauman, que los que estamos encerrados somos los que estamos afuera. Paseamos libremente por el mundo, nos desenvolvemos en un sistema en donde la mayoría son excluidos, perseguimos un progreso que nos ataca, practicamos un libre comercio donde transitan armas, drogas, mano de obra a precio risible, pornografía transcontinental con una libertad que asombra, pero donde niños hijos de gente que busca un mejor futuro, gente trabajadora, son encerrados y su existencia calificada de ilegal. ¿El ataque de la vida ajena no pone en peligro a la nuestra?

Y es casi cruel que nuestra realidad, la más contemporánea, la más revolucionada, la más mediatizada, pero tan inhumana, confirmen que Bruce Nauman, quizás el mejor artista americano, sea el que nos mostró que las jaulas encierran al mismo sistema que las produce.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.